Este artículo de Punset de nuevo nos hace reflexionar sobre aspectos que afectan en gran medida a la sociedad actual.En pocas lineas se muestra cómo "la fe", "las creencias religiosas" nunca han sido una cuestión pasajera, siempre salen a flote en distintos periodos de nuestra evolución aunque nos empeñemos en ocultarla.En pocas lineas, Punset deja entrever su perspectiva de que , quizás sea el momento de entender las metáforas de una religión , como eso, como metáforas.Pero no como algo inútil sin sentido racional y objetivo. Posiblemente estas creencias sean creencias irracionales y subjetivas.Pero no inútiles.Al menos para aplicarlas al ser humano. Pero el problema es que ha ningún científico se le ha pasado por su científica cabeza que el ser humano ni es racional ni es objetivo. Por tanto; ¿creer en Dios es una cuestión de fe? ¿Una cuestión sobrenatural? ¿O precisamente la cuestión mas natural de todas? ¿A caso nuestra irracionalidad no es lo que nos hace humanos?¿ A caso no forma parte de nuestra naturaleza?. Dicen que los perros también son capaces de soñar. ¿Será por eso que los insulsos curas dicen que también van al cielo? ¿Que es cielo? ¿Que es insulso?¿Qué es conciencia?. Se lo digo a ustedes. Conciencia es lo que estamos empezando a perder, precisamente por ser cada vez más racionales, más "mecánicos". Se nos está olvidando quienes somos realmente. Quizás todavía estamos a tiempo para remediarlo. Pero si realmente la razón nos ha permitido y permite una vida más cómoda en tantos aspectos ( en la igualdad de derechos, en nuestra salud, terapias psicológicas que suprimen creencias irracionales desadaptativas, la comunicación por Internet las desigualdades, la tecnología...) la pregunta, entonces, es ¿realmente queremos remediarlo? habría que ponerlo en una balanza y el tiempo hablará...pero este artículo de Punset nos recuerda que la balanza no hay que olvidarla en el desván. Nada está escrito ¿o sí?
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Según algunos científicos, hemos sido demasiado tolerantes
con las creencias religiosas. Deberíamos haber elevado el tono de nuestras
protestas ante los desmanes derivados de la fe mal entendida.
Sin salirse del bando agnóstico caben otras posturas, si se quiere,
menos militante y no menos eficaz.
Paradójicamente, ésa era la concepción del
propio Darwin, expuesta en una de sus cartas que descubrí en Londres hace
apenas unos días. Es asombrosa esa mezcla de defensa radical de la libertad de
pensamiento y tolerancia. Dice Charles Darwin en su carta:
«Aunque soy un fuerte defensor de la libertad de pensamiento
en todos los ámbitos, soy de la opinión, sin embargo —equivocadamente o no—,
que los argumentos esgrimidos directamente contra el cristianismo y la existencia
de Dios apenas tienen impacto en la gente; es mejor promover la libertad de
pensamiento mediante la iluminación paulatina de la mentalidad popular que se
desprende de los adelantos científicos. Es por ello que siempre me he fijado
como objetivo evitar escribir sobre la religión limitándome a la ciencia».
Es fascinante constatar hasta qué punto Darwin tuvo excelso
cuidado en mantener el rigor de sus planteamientos científicos sin herir a los
que no los compartían. En este sentido —y a nivel anecdótico—, no me digan que
no era enternecedora la actitud de Emma, la esposa de Darwin, profundamente
religiosa, cuando repetía a sus amigos que el mayor de sus pesares era «saber
que Charles no podría acompañarla en la otra vida» por culpa de su agnosticismo.
Lo que la apesadumbraba a ella era que el Dios todopoderoso no quisiera
conciliar el buen carácter con el agnosticismo de su marido. Y lo que a él lo
apenaba, con toda probabilidad, era que muchos confundieran la libertad de
pensamiento que él predicaba recurriendo a la ciencia con ataques gratuitos a
los que no compartían esa convicción.
No cabe duda de que la relación entre la gente que profesa una
religión y los agnósticos está cambiando. ¿En qué sentido? En primer lugar, la
irrupción de la ciencia en la cultura popular permite descartar convicciones
que parecían antes intocables: hasta Darwin, gran parte de la comunidad
científica, y desde luego toda la religiosa, estaba convencida de que la vida
del universo había empezado hacía cinco mil años, en lugar de los trece mil
millones que, ahora se sabe, transcurrieron desde la explosión del big bang
hasta nuestros días; dando amplio tiempo con ello para que la selección natural
fuera modulando la evolución de las distintas especies.
En segundo lugar, los continuados agravios e injusticias que
siguen sufriendo —a raíz del machismo y maltrato de género, en particular— los
colectivos partidarios de impulsar la modernidad en sus propias culturas
suscitan solidaridades mucho más profundas y extensas que en el pasado. Yo he
visto con mis propios ojos en plena Quinta Avenida de Nueva York, pocos días
después del ataque terrorista a las Torres, una pancarta que rezaba «In God we
trust» («En Dios confiamos»), mientras en la acera opuesta alguien, enardecido,
le gritaba al portaestandarte: «Falk’ you!» («¡Que te den!»).
No es difícil predecir
que pronto volveremos a estar inmersos en un debate en torno a la religión, no
necesariamente más virulento que antes, pero sí más extendido socialmente y
algo más fundamentado. A la ciencia y a los científicos les va a resultar más
difícil que en tiempos de Darwin mantener silencio en ese debate, entre otras
mil cosas, porque ahora faltan sólo “cuatro días” para que se pueda fabricar
vida sintética—bacterias, concretamente— en el laboratorio. La ciencia, en eso
Darwin tenía razón, es el mejor estímulo para la libertad de pensamiento.
Siempre y cuando sepamos conciliar como él los planteamientos rigurosos con
modales atinados.
Una forma de contrarrestar la discriminación de género:
Se trataría de una
intervención de “arriba a abajo”, movilizando los poderes ejecutivos, legislativos
y judiciales. Recopilando información e investigando desde las distintas
parcelas de una determinada sociedad pero sin obviar los factores
“macrosistémicos” e incidiendo, incluso más, sobre estos últimos.
Entendiéndolos como las base sobre las que se cimenta una sociedad. Es decir,
se defenderían los derechos humanos, en el caso que nos concierne, la
discriminación de género, aportando datos de una realidad concreta (sin disposiciones legales cuyas bases radican en
ideas preconcebidas de la realidad), fundamentos
y argumentos de peso con el objetivo de defender los derechos humanos, en este caso los derechos de la mujer.
Se trataría de
modificar discursos políticos de
manera real y efectiva, evitando que estos se hagan por simple interés
electoral sino por la auténtica promoción de aspectos tan vitales como la
creciente violencia de género o la,
todavía, significativamente menor media del salario
percibido por el género femenino. Y por supuesto, se trataría que el
contenido de tales discursos tuviera su ejecución contemplada en la ley. Se
revisarían, por tanto, conductas que incumben a los agentes de las altas
esferas, pero no solo ahí.
También se debería
crear, desarrollar, promocionar, difundir y aplicar planes de concienciación social, “de abajo a arriba”; impidiendo
que tres instituciones catalizadoras (de una ideología social, bajo la que
subyacen actitudes y creencias irracionales) como son “la familia, “la escuela”
y “la moral” impidan la promoción vital, social y laboral del colectivo femenino.
Estamos hablando de divulgar una cierta racionalización
o desideologización. Estamos hablando
de alejar (desalineación social y
personal) a las personas de lo que imponen ciertas convenciones, lenguajes,
símbolos, modas o normas de una determinada cultura o sociedad (como bien puede
ser el machismo trasmitido por un
abuelo de familia), para dejar de rechazar verdades
absolutas y naturales, como es la plena capacidad ( y derecho) de las
mujeres para rehacer su vida con otros hombres, la práctica sexual fuera del
matrimonio, la no sumisión o dependencia, el no consentimiento de ser objeto de
violencia ,o finalmente , la capacidad de promoción en el mundo laboral. Es
decir, evitar en las mujeres una pasividad y pesimismo irracional o fatalismo que adquiera el pleno carácter
de profecía autocumplida dando lugar
al perjudicial techo de cristal.
Pero dado que los
cambios ideológicos “de abajo arriba” no son tan fáciles, como paso intermedio,
un psicólogo debería concentrar esfuerzos en conseguir una obligatoriedad legal
de cumplimiento de mecanismos de
discriminación positiva, para qué, por ejemplo, un empresario (como
buen empresario que buscar aumentar beneficios en su institución y su sueldo y
vida dependen de ello) no pueda
decidir contratar a un hombre en el puesto de una mujer que acaba de quedarse embarazada. Lo triste es que dicho así
parece que les estamos haciendo un “favor ético” a las mujeres (protegiéndolas
legalmente) cuando las que verdaderas protectoras son ellas sacando, no un
empresa, pero si una especie
adelante.
Es más difícil,
improductivo y casi irrisorio explicarle
“une teoría de la naturaleza humana” a ese empresario (aunque hacérsela
entender sería lo más ideal y oportuno). Es más difícil explicarle esas
“verdades naturales y absolutas” que suponen uno de los puntos fuertes de la
teoría de la liberación, explicarle que al igual que ese hombre puede crearle
más beneficios a corto plazo a su empresa (y eso es una verdad natural y
absoluta), una mujer podría, no solo, darle mayores beneficio a largo plazo
para su empresa, sino que además está teniendo un hijo (un futuro empresario si prefieres) y eso,
también, es una verdad natural y absoluta. Posiblemente más absoluta. Y es que
posiblemente más absoluto que el beneficio de cualquier empresa es el beneficio
de cualquier especie. Pero nada sigamos convirtiéndonos cada vez más en una
“empresa” en lugar de en una “especie”.
Mientras tanto la monoparentalidad familiar aumenta a
medida que las mujeres deciden hacer justicia y vengarse de un sistema legal
que no reconoce su valía y las otorga los medios
oportunos (jornadas laborales parciales tanto para madres como para padres de familia por ejemplo)
para trabajar y poder criar en tiempo y esfuerzo a sus hijos. Tiempo y esfuerzo de crianza de
unos hijos del que los estudios informan que correlaciona negativamente con el comportamiento delictivo de esos mimos hijos años después.
Muchos de ellos violadores.*
Y lo cierto es que a veces el género femenino, en el
intento de salvaguardar sus derechos, estos se les vuelven en su contra. Todo
porque este mundo ni los órganos que lo gobiernan aceptan verdades absolutas y naturales. Todo por no ver lo distal (las
causas últimas). Eso tan inútil e irrisorio que ningún psicólogo le explicaría
a un empresario pero que explica la gran mayoría de los problemas de una
sociedad. Eso que gracias a dios, un tipo de psicología empieza a abordar; la
psicología de la liberación
La educación está sumida en un patente “caos” que hace que se la
cuestione en todos sus aspectos. El gran fracaso de los resultados de la misma
en nuestro país les hace a los padres, no solo cuestionar los métodos de las
escuelas, sino también plantearse en qué medida se trasmiten ciertos valores.
Los estudios de a continuación muestran que valores, con intención o sin
intención, se trasmiten. Ahora… ¿son los valores que los padres quieren para
sus hijos?
La LGE en 1970, la Constitución
de 1978, la LOECE (ley orgánica de estatutos de centros escolares) en 1980, la
LODE (ley orgánica de educación) en
1985, la LOGSE en 1990, la LOPEG (1995),
la LOCPFP (2002), LA LOCE (2002) y finalmente la LOE (2006) completan el casi
“sarcástico” recorrido de las leyesdel sistema educativo español en apenas 40 años. Esto, por sí solo, deja claro
que los criterios sobre como asentar las bases que rigen, en última instancia, la educación de nuestros hijos en las escuelas de este nuestro país están muy, pero que muy difusos. Hay un anuncio de Mapfre que pulula por las calles que dice "Si la educación cambia tan rápido, no podemos educar como hace 20 años "
Está claro que este cambio constante demuestra las
crecientes dudas de cómo afrontar asuntos de máxima relevancia como el desfase
de contenidos curriculares con la metodología de estudio, la atención a la
diversidad, el anclaje al sistema educativo europeo o las igualdades de acceso, de oferta
educativa o de resultados. Igualdades que se engloban dentro de la llamada
“equidad” (mismas condiciones educativas para todos) que siempre nos venden
pero nunca se cumple. Y en detrimento de la equidad se apuesta por la excelencia.
Todo no se puede. O haces una educación “de cara a la galería” para la UE o
equilibras condiciones dentro de tu país. O aparentas
o eres. Ya sabemos para qué lado se
suele decantar siempre el ser humano.
El caso es que la realidad sigue
siendo la misma en España, y los padres se empiezan a plantear serias dudas
sobre un gran abanico de aspectos educativos, entre ellos, los valores que se
trasmiten en la escuela. ¿Realmente se trasmiten? La respuesta es sí.
¿Adecuadamente? La respuesta es probablemente no.
Los valores encubiertos:
Existe, actualmente, una
controversia en EEUU sobre la enseñanza de valores. Muchos piensan que los
colegios deberían enseñar ciertos valores; otros creen que la enseñanza de
valores debería ser responsabilidad de
los padres y la familia. Tanto si los colegios enseñan o no ciertos valores
de formaexplícita, lo cierto es que
la investigación llevada a cabo en colegios de diferentes países sugiere que al
menos lo hacen de forma implícita.
Joseph Tobin , David Wu y Dana
Davidson grabaron en vídeo algunas clases preescolares en Japón, China y
Estados Unidos. En cada país pidieron a los niños, profesores, padres y a la
administración, su opinión sobre las grabaciones de los tres países. Analizando
los comentarios se puede observar cómo se enseñan diferentes valores de forma
implícita en cada uno de los países.
En primer lugar está la
importancia del grupo frente al
individuo. En EEUU la mayoría de las actividades diarias permiten algún
tipo de elección individual; en Japón y en China predominan las actividades en
grupo, aunque los japoneses son flexibles en cuanto a la hora de entrada, tiene
más tiempo de recreo, mayor libertad para hablar y moverse que los chinos. En
segundo lugar está la fuente de control.
Los profesores japoneses cuentan con la ayuda indirecta del grupo para
controlar el comportamiento de los niños. Después de 9 meses, por ejemplo, el
niño revoltoso se sentaba solo durante la comida; los demás niños no querían
sentarse con él. Por el contrario, los profesores chinos procuraban que los
niños se comportaran como los demás del grupo mediante un fuerte control sobre
el comportamiento. Los profesores norteamericanos también intervenían en caso
de mal comportamiento.
Los valores culturales cambian.
Aunque muchos miembros de la administración pensaban que los centros
pre-escolares japoneses tenían un estilo claramente “japonés”, y, por tanto,
muy satisfactorio, muchos padres y profesores japoneses criticaron al colegio y
dijeron que existían “mejores” colegios en Japón, más parecidos a los norteamericanos.
Algunos japoneses pensaban que
debía prestarse mayor atención a las necesidades individuales de niños
inquietos. Algunos chinos aquejaron, al ver las cintas del colegio chino, que
este era demasiado “anticuado”. Aún así seguían pensando que los colegios norteamericanos y japoneses daban demasiada
libertad a los niños. Los chinos también señalaron la importancia de que
sus colegios no “consintieran” a los niños, sobre todo ahora que los padres no pueden tener más que un hijo.
En conclusión de este estudio se
puede decir que los colegios de preescolar de diferentes países intenta, tanto
consciente como inconscientemente, socializar a los niños según los valores ya presentes en su cultura.
Pero vayamos un poco más allá.
Está plenamente consolidado que los estilos
educativos inconsistentes (p.ej. padres que se contradicen ellos mismos o entre sí a la hora de enseñar
determinados modales a su hijo) son los
que más hay que evitar para que
nuestros hijos se socialicen correctamente y aprendan unos buenos hábitos con
los que desenvolverse en su futuro. Por tanto, es más importante que el entorno
(padres, profesores, medios de comunicación, política, religión, ideología) no se contradigan a la hora de educar a
un niño aunque, incluso, sea más autoritario que permisivo o viceversa.
Aunque hay que señalar que el estilo permisivo, muy de moda, siempre
da peores resultados que el estilo equilibrado o consistente (el mejor) o
incluso el autoritario. Datos de
investigaciones longitudinales (a lo largo de la vida de muestras representativas
de niños controlando variables económicas y socio-demográficas) sobre
conflictividad, fracaso escolar, inserción al mundo laboral e incluso fracaso
en las relaciones de pareja en el futuro confirman la hipótesis. Pero lo relevante, por tanto, es no
contradecirse. Si no, el niño no asimilará “ni una cosa ni otra”.Sabiendo esto. ¿Si los valores que se
trasmiten por padres, profesores, etc. se hacen de forma implícita, y por tanto por criterios personales, individuales
y por tanto, irremediablemente contradictorios no se deberá buscar una unificación explícita de valores?
Ahora… ¿qué valores nos trascienden a todos a pesar de nuestras diferencias?
Esta es la gran pregunta. ¿Qué es y debe
serlo importante en esta vida para todos a pesar de todas nuestras diferencias? ¿Qué necesitamos todos por
igual? Algo me dice que son pocas cosas las que realmentenecesitamos.
Ahora, socialmente, es otra historia.
Contradicciones humanas
Desde el inicio dejé claro que el
sistema educativo, en concreto el español, no tenía claro los criterios que
rigen las bases sobre las cuales asentar una determinada forma de educar. Pero
después de comprobar en el apartado inmediatamente anterior que también son los
propios padres los que se contradicen en sus opiniones ya no nos queda tan
claro a quien echarle la culpa. ¿Sirve ahora el gobierno y el sistema educativo
de chivo expiatorio?
¿Porque dentro de los propios
japoneses hay quienes afirman con rotundidad que sus escuelas siguen un formato
educativo (y de trasmisión de valores) totalmente “japonés” y apropiado, pero
paradójicamente, también los hay (y en abundancia) que preferían colegios “más
parecidos a los norteamericanos”?
Los diseñadores del estudio
atribuyen esta paradoja humana a que las culturas cambian. ¿Y yo me pregunto no
será ese el mayor error? Dejemos de
echar balones fuera. Dejemos de maniatarnos. Las culturas puede que cambien…
pero ¿No cambian aún más las personas? O más que cambiar… ¿No será que las
personas son diferentes en su forma de pensar más allá de lo que una
determinada cultura pretenda imponer? Pero recuerden al ser humano, hedonista
por naturaleza, le va más el aparentar
que el ser. Y con esta lógica vivimos
ciegos, siguiendo a la mayoría.Quizás
el día que cambie esto nos demos cuenta de que las “culturas” no son más que
una “piel sobre la piel”. Algo que nos representa y con lo que nos
identificamos, y que por tanto, ciegamente
seguimos.
Pero la globalización actual,
globalización que también es cultural, para bien o para mal, nos está zambullendo
en una “marea” de valores, formas de
vida y culturas contrapuestas, convergentes en ciertos puntos y divergentes en
otros. El resultado es que el chaval inexperto
de temprana edad, el pre-adolescente, aquel que busca con qué identificarse
precisamente, ese chaval de hoy en día no tiene a que agarrase. Los valores
familiares y “la tradición” están pasados de moda. Nuestra historia tanto
mundial como personal de cada uno de nosotros están pasados de moda, eso de no
obviar nuestro pasado para crear nuestro futuro es, ahora, una falacia.
Lo cierto es que internet y la sociedad de la información brinda a
las nuevas generaciones una oportunidad esplendorosa para conocerse a sí
mismos. Una gama de oportunidades para desarrollar valores propiosque no brindaba una sola “familia” en generaciones
pasadas. Oportunidades acordes a las demandas de la diversidad humana. Diversidad más grande y significativa que
cualquier “cultura”. Más oportunidades de conocerse a uno mismo. Tradición o
libertad. Pasado o futuro. Los senderos podrían y deberían confluir. Pero en uso y usura parecen bifurcarse. ¿O que le importa a usted más a caso? ¿Ser o aparentar? ¿Sabrá usted encontrar sus valores? ¿Sabrá acomodarlos a los de su cultura? ¿Encontrará su
“tronco al que amarrarse” en esa “marea” de información que es la sociedad
actual? ¿Sabrá como trasmitirles esos valores a sus hijos? ¿Deberá? ¿Es tanta
la diversidad humana como para que ni padre e hijo deban compartir unos mismos
valores? ¿Y los profesores? ¿Y los gobernantes? Los criterios lejos de poder
ser unificados están cada vez más
difusos.
Adultos rebeldes:
¿Queremos que nuestros hijos
asimilen valores? ¿Pero acaso nos hemos mirado los adultos al espejo? ¿Somos
tan adultos y maduros como nos creemos? Hay un anuncio de Mapfre que pulula por las calles que dice "Si la educación cambia tan rápido, no podemos educar como hace 20 años "
¿Saben que los psicólogos
educativos y del desarrollo informan de que, globalmente, cada vez los jóvenes
tardan más en salir de su “adolescencia”?. El inicio de la “adolescencia” para
los psicólogos está claramente marcado por los cambios biológicos y hormonales,
pero el final de la misma es sumamente ambiguo por la razón de que el criterio
que se ha establecido para marcar su final es la independencia o emancipación, la cual depende de un criterio social, y este es difuso,
precisamente por depender de culturas
determinadas, de situaciones económicas
determinadas y de valores
determinados. Y esto es así porque nuestro sistema endocrino no interactúa con
el de otra gente, las culturas en cambio, sí. He aquí la subjetividad de la
psicología como supuesta “ciencia”.
Estaindependencia o emancipación de los jóvenes, cada vez, tarda más
en producirse tanto que se ha tenido que “inventar” una nueva etapa de la
adolescencia, “la adolescencia tardía” (a
partir de los 18 años).A los jóvenes, cada vez, les cuesta más encontrar su
sitio. La adolescencia se entiende por
tanto como una transición, un proceso más de expectativas que de logros, aquel
proceso en el que identificamos los valores de
fuera y los hacemos propios. Cada
vez hay más “valores” fuera. La “correa” es mucho más amplia. Pero también lo
es la búsqueda. Y eso es bueno, siempre y cuando no nos perdamos.
“La adolescencia termina con la
conciencia de la necesidad y de la belleza del trabajo, de la realidad del
trabajo” […].Connie Palmen. Las leyes.
Stanley Hall, pedagogo y
psicólogo estadounidense especializado en la influencia de la genética en las
sociedades y el desarrollo humano, definió un día el desarrollo evolutivo de la
especie humana como una analogía del
desarrollo y transcurso de la vida de una persona.
Este paralelismo tiene antecedentes ya en Empédocles (484-424 a. C.), la ley
biogenética de Haeckel (1866) y el darwinismo social (1879).
S.Hall (1904) entendía el
desarrollo ontogenético (desarrollo
vital) como una “maqueta” del desarrollo filogenético(desarrollo evolutivo de la especie a lo largo de años, generaciones,
siglos…).El psicólogo estadounidense fue más allá. Según Hall si la evolución
de la vida de una persona es una “maqueta”
a pequeña escala de la evolución de la especie, las distintas etapas
confluirían también, y así, la
adolescenciase convertiría en el punto más importante, ya que es el punto
de inflexión entre “el hombre instintivo” y “el hombre actual”; es decir, allí
donde los valores, finalmente, se asientan.
Puede que este científico no
andará tan desencaminado y estemos en nuestro momento de la historia más
complejo, que no más duro en cuanto a “bienestar” y a condiciones de vida se
refiere. Sin embargo, vivimos en constantes contradicciones por todavía no
saber si somos empollones, punks, “barrio-bajeros” sin futuro, poligoneros, hijos
de mileuristas, chonis, universitarios, revolucionarios, inmigrantes, heavies,
intelectuales, deportistas, frikis o saber que otras categorías sociales con
las que identificarse. Y con la globalización el abanico de posibilidades se
multiplica. Y a mi juicio, eso es bueno.
Puede que cada vez, precisamente,
por tener los limites más difusos que
nunca estemos pasando de nuestra “adolescencia evolutiva” a nuestra
madurez. Puede que algún día sea ese día en el que todos esos punks,
poligoneros, heavies, revolucionarios e intelectuales acaben convirtiéndose en
lo que todo el mundo, en simples y aburridos
padres y madres de familia, con una hipoteca tan pesada como su matrimonio.
Pero habiéndose encontrado a sí mismos. Dejando la atractiva libertad a un
lado, para encontrar la aburrida paz.
Pero también es cierto que la tercera parte de este mundo daría un brazo
por poder gozar de la estabilidad de
hipotecas y matrimonios de los que disfrutamos en el mundo “desarrollado”. Descompensadamente desarrollado diría yo.
“Pero así nos creemos menos simples
y más poderosos. Nos creemos un poco menos pequeños en este universo. Con más
control. Pero en esas ansias de progreso la polución ya casi no deja contemplar
las estrellas. ¿A quién le importan? ¿A quién le importa aquello que no se puede
alcanzar?”...
– ¡Calla mujer! ¡Deja de mirar al
cielo! ¡A caso crees que las estrellas alimentan a esta familia! ¡Apártate de
la ventana y déjame coger el reloj que está en el poyete!, llego tarde al
trabajo, me esperan en wall street, los
taxis si se pueden alcanzar, la bolsa cae en picado y hay que reconducir y controlar la situación, no podemos perder más, ¡ah!
se me olvidaba, no se te olvide recoger a los niñosde la escuela, que te vaya bien el día, un beso cariño-
¿Paz en lugar de libertad?
¿Asusta verdad? Más le asusta a las primeras responsables, la política y la economía.
Pero tranquilos, siempre podremos viajar al mundo de nunca jamás con Peter Pan. Así todo seguirá igual,
“adolescentes rebeldes”. Ahora no esperen, entonces, una unificación de valores. Como decía Okham “la mejor explicación suele ser la más simple”. Y lo más simple
apabulla la mente humana tanto como la paz. Como reza una canción de “fito y los fitipaldis” quizás la
respuesta sea no preguntarse ¿por qué? Y sencillamente vivir y dejar vivir. Y
eso, solo si lo entendemos, solo si
nadie nos lo impone, también es libertad.
“Ni fu ni fa”. Cansados de votar en un sistema democrático sin
diversidad alguna. Cansados de que nos digan que, nosotros el pueblo, tenemos
el poder. En realidad no hay poder de decisión ninguna. Cualquiera con un mínimo
interés se percata que todo el sistema no es más que un juego muy bien montado.
El 15-M, tomas del congreso, manifestaciones sindicalistas… un clima de
relativa movilización pero con “el coraje” por bandera. La bandera de “la
utilidad” se ha perdido con los años, sobretodo después de pasar por el que
muchos presumían como un gobierno de “izquierdas”. Ya se nos acaban las excusas, ya se nos acaban “las cabezas
de turco”. Como reza un tema musical del grupo de Punk “Rise Against”; “Todos los hombros sobre los que podíamos llorar se
han ido”. Quizás algo implícito en
nuestras cabezas nos esté gritando que la desigualdad
social es un asunto independiente y mucho más grande que los sistemas políticos. Quiere decir esto
que debamos quedarnos pasmados viendo cómo la clase dirigente nos pasa por
encima al resto. Muchos opinan que sí. Yo opino que no. Pero desde el punto de
vista psicológico el equilibrio social va más allá de partidos políticos de
distintos bandos, sean de centro, de derecha o incluso de izquierda.
Este artículo no aspira a encontrar una solución
(que en mi subjetiva y personal perspectiva se encuentra en el interior de
todos y cada uno de nosotros) ya que no hay investigación socio-psicológica al
respecto. Lo que si aspiro es a hacerles llegar las auténticas causas del
desequilibrio social (para lo que si hay
estudios al respecto) y que están muy lejos de las manos de los políticos, como
es tendencia pensar. Lo que sin embargo si esta en sus manos es mantener
ocultas las verdaderas causas de dicho desequilibrio. Causas que para llegar a
entenderlas les recomiendo leer el artículo siempre desde una perspectiva
evolutiva de la especie humana, entendiéndola en términos globales y
estadísticos, que son los que marcan la diferencia, y nunca interpretando cada
afirmación de forma individual o personal y a pequeña escala sino desde el
precepto de que “las personas nos influimos entre todas y eso da lugar a efectos mariposa”. Como les decía, lo que sí
está en manos de los políticos es mantener ocultas dichas causas. Y eso, amigos, a mi juicio, si es un hándicap para
salir del hoyo en el que todos nos
hemos metido, o mejor dicho, del que nunca hemos salido.
En
mi artículo anterior "La desafección política"comentaba las ideas que los políticos, con los medios de comunicación cómo gran aliado,
nos meten en la “sesera”. Porque sí, como pueden ver en el gráfico, los medios
de comunicación tienen claras inclinaciones políticas. ¿Por qué será?
Ideas con el objetivo de
crear el fenómeno de indefensión
aprendida que explico en el artículo anterior. Ideas tales como: “el futuro
puede ser peor”, “tenemos lo que nos merecemos”
o “que hemos vivido muy bien, nos hemos endeudado y ahora tenemos que
sacrificarnos”.
Podríamos criticar a los
políticos de interés propio al
pronunciar estas frases. Yo les criticaría únicamente por crear indefensión aprendida y avivar la llama
de la ignorancia y el desconcierto para tenernos bien “ataditos” y manejables.
No es poco. Pero… ¿y si les dijera que cuando las personas nos plantemos y
dudamos de la utilidad de nuestras
manifestaciones, huelgas e
insurrecciones no fallamos en la duda? ¿Y si les mostrará en esta artículo que algo instintivo nos dice que la raíz del
problema no está puramente en la política sino en la naturaleza de cada uno de nosotros aunque no lo percibamos? ¿Y si
les dijera que esas frases tiene una base y una realidad psicológicamente cierta?
Estamos hablando de
investigaciones que no tienen ningún interés político. ¿Cuánto se indignarían si
les dijera que cuando un político dice que hemos sido todos los que nos hemos endeudado lleva más razón que un santo?
Esto puede parecer trivial, pero es el hecho de que “si la mayoría de nosotros pudiéramos endeudarnos, lo haríamos” la raíz
del bipartidismo, el cual no nace por casualidad o para jugar con los
ciudadanos, sino como un sistema
autorregulador de la ambición y necesidad
de estatus humana que florece en cada periodo de gobierno de izquierdas. La
derecha no es el problema sino nuestra naturaleza humana. Ambiciosa. Pero al
igual que ambiciosos somos libres y nos agarramos a nuestra necesidad más
preciada cuando la vemos en peligro,la
libertad. Y entonces hacen aparición en escena los partidos de izquierdas. Una alternancia entre gobiernos a lo largo del tiempo y en función de las fluctuaciones económicas que no son más que las fluctuaciones de la ambición humana. Pero más adelante profundizaré en esto.
Nuestra democracia, el sistema
bipartidista. Todo esto que estamos viviendo, todo esto por lo que protestamos
día a día, manifestación a manifestación no es más que la “menos mala” de las estrategias
económicas que nuestra desgraciada y ambiciosa especie ha
sabido montar para asegurar una estabilidad y bienestar colectivo de un país desde
que hace miles de años un hombre, y no una mujer seguramente, decidió plantar
una valla y decir “esto es mío”.
Criticamos a los gobernantes de
derechas de políticas liberales, de salir a Europa a hacer compras y negocios
cuando los más pobres se mueren literalmente de hambre en España. Pero el
problema es que España no es otra cosa que un miembro más de una comunidad de
vecinos que entona al unísono cada día “el tonto el último” en wall street. Cada día un pobre inversor
asustado por perderlo todo dice ¡vendo!, pero estos no son el problema. El
problema son los que ya con una buena suma de beneficios va y dice ¡compro! Y
así se da lugar al gran embolsamiento actual de dinero “imaginario” bancario
que actúa de “tira y afloja” entre países creando una especie de “guerra fría”
monetaria, o mejor dicho, de lo que mueve todo esto, una guerra fría de poder.
España durante el gobierno de
centro-izquierda no ha sido más que ( relativa y metafóricamente hablando) un
buen padre de familia que viendo a sus hijos pasar hambre, como todo buen,
desinteresado y altruista padre ha dado de comer a todos sus hijos y procura de
que no les falte de nada. Véanse los 8.000.000.000 € destinados a obra pública,
aunque después se gestionaran de una forma tan ineficaz que hiciesen revolverse
en su tumba al economista Keynes. Pero el problema no fue esta atención a lo
público, sino que, a esta ,se le sumo el estallido de la burbuja inmobiliaria y
financiera y el estado no era más que un títere de la banca y de los “tira y
afloja” de la misma, ya muy lejos del margen de acción de gobiernos españoles.
Pero el problema no es que el gobierno tuviera un arrebato Keynesiano. El
problema no es que lo hiciera, de hecho es el ideal de todos que lo haga. El
problema es que mientras que este vecino llamado España se aseguraba de que
todo estaba en equilibrio en casa, el resto, ya había salido
de compras. Y traían consigo bolsas llenas de inversiones, grandes
corporaciones con más poder que los propios estados, flujos de capitales,
dinero bancario…y también deudas. Nuestro vecino España, por apenas descansar
un rato, ya se empieza a quedar atrás, aprueban derramas que él no puede pagar
y ya solo le queda una opción “adaptarse o morir” y es entonces cuando, a costa
de todos sus hijos desvalidos, decide subirse con el resto de vecinos , de
nuevo , a la moto del consumo y la economía. Quizás pierda el aprecio de algunos de sus hijos, quizás quieran
crucificarle, tomar el congreso… pero ya no se sentirá rechazado y distinto del resto y habrá “salvado los muebles”. Ya
vendrá “tito Rubalcaba” a recuperar su aprecio con buenas dosis de demagogia.
Esa comunidad de vecinos
de la que hablaba no es más que el mercado
financiero en el que estamos inmersos. Los políticos y los gobernantes solo
son “títeres” de la economía y de los grandes inversores que la manejan. Los
economistas “se hacen los suecos” al contemplar como la deuda pública mundial se mantiene en aumento. Como muestran las
siguientes gráficas escalonadas hacia
abajo al mismo tiempo que aumenta la
productividad, disminuye el PIB.
En las siguientes gráficas se muestra cómo en
los EEUU la cosa es aún más
ejemplificante de que a más avances, productividad, consumo, inversión y
progreso más endeudamiento. Es decir, los vecinos de la comunidad que más
contribuyen a la máquina de la economía
y el consumo (EEUU al frente), serán los que más deuda pública acarreen y
con ella sube el listón para el resto
de vecinos y el precio de las “derramas”
que el resto de pobrecitos no pueden afrontar…no importa siempre quedarán los recursos del tercer mundo, piensa el
gigante estadounidense…Y yo me pregunto ¿Y cuando estos se agoten? ¿Marte? ¿La
NASA? ¡Venga! ¡Más inversión!
El
poder no lo tiene el estado, el poder lo tiene alguien que tiene más dinero que
el propio estado,las grandes corporaciones,
el poder para que cada uno de los vecinos mantenga el listón del resto. Es como
si nos hubiéramos subido a una bicicleta que si paras de pedalear se estanca,
pero todos saben que va directa a hacia un precipicio. Los políticos y
economistas prefieren no ver el precipicio (y menos aún hacérselo ver a
nadie…cundiría el pánico, piensan) y en lugar de eso incentivan “el pedaleo”,
incentivan el consumismo con más
publicidad y más marketing. ¿Acaso creen que los tacones de los zapatos de las mujeres cambian de un año para otro
por moda? No amigos, es para que no
paremos de consumir. Pero nada, sigamos comprando nuevos modelos de todo;
nuevos iphones, nuevos zapatos, nuevos coches. En fin, aun con todo el esfuerzo
de intentar ser conservadores nos
toparíamos con la estrategia de la obsolescencia
programadade manera que aunque no quisiéramos comprarnos un nuevo
ordenador, este está programado para estropearse en un más que medido periodo
de tiempo y entonces el individuo que, pongamos necesita el PC para su trabajo, se siente socialmente excluido (más
teme ser diferente al resto) de su grupo (obsolescencia
percibida) y compra uno nuevo.
El hecho de que las grandes corporaciones
tengan el poder y que nosotros se lo
sigamos dando comprando sus productos está directamente relacionado con la
devaluación del estado y, por tanto, del dinero público que bien podría ser
para sanidad, educación u otros servicios
de mantenimiento.
«Si la gente hoy no es lo feliz que pudiera ser, en gran parte se debe
al déficit de mantenimiento del nivel biológico y al déficit de servicios de
mantenimiento» Eduard Punset.
La gente de a pie en cada manifestación, en cada huelga…se
apoya en “posibles y utópicas nuevas
soluciones” y “nuevas estructuras de
gobierno” para protegerse… para proteger su autoestima, su situación, su
desempleo, sus pésimas condiciones… pero estas soluciones, en manos de
economistas y políticos, no llegan. Estas, en manos de académicos, tampoco. Sin
embargo si llegan argumentaciones basadas en datos empíricos como la que cito a
continuación:
[...]
En la Visión Trágica, tradiciones como la
religión, la familia, las costumbres sociales, los usos sexuales y las
instituciones políticas son una síntesis de técnicas comprobadas con el tiempo
que nos permiten funcionar ante las deficiencias
de la naturaleza humana. Son tan aplicables a los seres humanos de hoy como
lo fueron cuando se desarrollaron, aunque nadie pueda explicar hoy sus
principios rectores. Por imperfecta que pueda ser la sociedad, debemos evaluarla
teniendo en cuenta la crueldad y la privación del pasado real, no la armonía y
la riqueza de un futuro imaginado. Tenemos la suerte de vivir en una sociedad
que más o menos funciona, y lo
prioritario para nosotros debería ser no estropearla, porque la naturaleza
humana siempre nos deja tambaleándonos al borde de la barbarie. Y como nadie es
lo suficientemente listo para prever la conducta de un solo ser humano, y no
digamos la de millones de ellos que interactúan en una sociedad, debemos
desconfiar de cualquier fórmula para cambiar la sociedad de arriba abajo, porque es probable que conlleve unas consecuencias
imprevistas que sean peores que los problemas para cuya solución se diseñó. Lo
mejor que nos cabe esperar son unos cambios progresivos que se reajusten continuamente de acuerdo con
la retroalimentación sobre la suma de sus consecuencias buenas y malas. Se
sigue también que no debemos aspirar a resolver problemas sociales como la delincuencia o la pobreza, porque en un
mundo deindividuos que compiten, lo
que una persona gane puede ser lo que otra pierda. Lo mejor que podemos hacer
es equilibrar los costes.
[...]
Las perennes
limitaciones de la naturaleza humana demuestran la futilidad de las
revoluciones políticas que se basan únicamente en las aspiraciones morales de
los revolucionarios. En palabras de la canción de The Who sobre la revolución:
«Meet the new boss; sameas the old boss «Aquí tienes al nuevo jefe; igual que
el antiguo.»
Sowell señala que el marxismo es un híbrido de las dos visiones.
Invoca la Visión Trágica para interpretar el pasado, cuando anteriores modos de
producción no dejaban más opción que las formas de organización social
conocidas como «feudalismo» y «capitalismo».
Pero invoca una Visión Utópica
para el futuro, según la cual podemos configurar nuestra naturaleza en la
interacción dialéctica con el medio material y social. En ese nuevo mundo, las
personas estarán motivadas por la autorrealización
y no por el interés propio, por lo que podremos realizar el ideal de «De cada
uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades». Marx dijo que una
sociedad comunista sería la
auténtica solución al antagonismo entre el hombre y la naturaleza, y entre el
hombre y el hombre; es la auténtica solución al conflicto entre existencia y
esencia, objetivización y
autoafirmación, libertad y necesidad, individuo y especie. Es el acertijo de la
historia resuelto «Una teoría magnífica, pero aplicada a una especie equivocada
».
«Dos hurras por la
democracia», proclamó E. M. Foster.«La democracia es la peor forma de gobierno,
excepto todas las demás formas que se han ensayado», dijo Winston Churchill.
Son elogios de la Visión Trágica. Pese a todos sus fallos, parece que las
democracias liberales son la mejor forma de organización social a gran escala
que nuestra lastimosa especie haya concebido.
Proporcionan más
comodidad y libertad, más vitalidad artística y científica, una vida más larga
y segura, y menos enfermedades y contaminación que cualquiera de las alternativas.
En las democracias modernas no existen las hambrunas, casi no se declaran la
guerra entre ellas y son la principal aspiración de las personas de todo el
mundo que votan marchándose por tierra o por mar. El moderado éxito de las
democracias, al igual que los fracasos de las revoluciones radicales y de los
gobiernos marxistas, se reconoce hoy ampliamente y puede servir como otro test empírico para las teorías rivales de
la naturaleza humana.
[...]
¿Qué está pasando? El
hecho de que la izquierda y la derecha actuales abracen la psicología
evolutiva, después de décadas de vilipendiarla, demuestra dos cosas. Una es que
los hechos biológicos están
empezando a cerrar el paso a filosofías políticas convincentes.
La creencia de la
izquierda de que la naturaleza humana se puede cambiara voluntad y la creencia
de la derecha de que la moral se basa en que Dios nos dota de un alma
inmaterial se están convirtiendo en empeños insostenibles ante el gigante de la
ciencia.
[...]
Una izquierda
darwiniana es el intento más sistemático de planificar el nuevo alineamiento. Dice
Singer: «Es hora de que la izquierda se tome en serio el hecho de que
provenimos de los animales, y de que llevamos las pruebas de nuestra herencia, no sólo en nuestra anatomía y
nuestro ADN, sino también en nuestra conducta». Para Singer esto significa reconocer los límites de la naturaleza
humana, que hace de la perfectibilidad de la humanidad una meta imposible.
Y significa reconocer los componentes específicos de la naturaleza humana.
Entre ellos, el interés propio, que
implica que los sistemas económicos competitivos funcionarán mejor que los
monopolios estatales; el instinto de la dominación, por el que los gobiernos poderosos son vulnerables a
los autócratas desmesurados; el
etnocentrismo, que pone a los movimientos nacionalistas en peligro de cometer
discriminación y genocidio; y las diferencias
entre los sexos, que deberían moderar las medidas de una rígidaparidad de
género en todos los ámbitos de la vida.
[...]
El problema, dice
Frank, es que las personas poseen unas ansias
de estatus. Su primer impulso es gastar el dinero de forma que los demás lo
puedan observar (casas, coches, vestidos, una educación selecta), y no de forma
que sólo ellos lo conozcan (atención médica, seguridad en el empleo, planes de
ahorro). Lamentablemente, el ahorro es un juego de suma cero, de modo que
cuando todo el mundo dispone de más dinero para gastar en coches y casas,
aumentan unos y otras pero la gente no es más feliz que antes.
Como los jugadores de
hockey, que aceptan llevar casco sólo si existe una norma que obligue a sus
oponentes a llevarlo también, las personas podrían aceptar unas normas que
obligaran a todo el mundo a pagar por unos beneficios ocultos, como la atención
médica, que les hacen más felices a la larga, aunque tales normas sean a
expensas del salario disponible. Por la misma razón, dice Frank, estaríamos
mejor si impusiéramos un impuesto muy
graduado al consumo, que sustituyera al actual impuesto graduado a la
renta. Un impuesto al consumo amortiguaría la inútil carrera por unos coches,
unas casas y unos relojes cada vez más espléndidos, y compensaría a las
personas con unos recursos que está
demostrado que aumentan la felicidad; por ejemplo, el tiempo de ocio, unas
calles más seguras y unas condiciones de desplazamiento y de trabajo más
agradables.
Steven Pinker. La Tabla Rasa. La negación moderna de
la naturaleza humana.
Este fragmento corresponde a una
obra de psicología evolutiva
realmente controvertida, conocida por hacer prevalecer lo innato frente a lo adquirido.
Esto es; “lo que somos es más importante
que lo que podemos llegar a ser”. En
otras palabras, el que nace en una clase social pobre muere pobre. Nada de
estudios superiores, nada de lujos, nada de grandes aspiraciones. Pero como he
dicho, esto es por lo que es conocida y no
por lo que realmente intenta explicar la obra. La obra solo intenta hacer
escuchar la voz acallada de lo innato que
tanto nos quema a todos. Y nos quema por la simple razón de que no nos gusta
reconocer nuestras limitaciones e innato es sinónimo de eso, de limitaciones.
Y como gran baluarte empírico de
dichas limitaciones se recalca un dogma principal a lo largo de la obra de más
de 750 páginas llenas de cientos de argumentos y contraargumentos de distintos
académicos, filósofos, artistas, políticos, economistas y científicos. Dicho
dogma dice que genéticamentesomos un 40-50% innato y un 50-60%
adquirido. Esto varía según las características o rasgos de los que
hablemos. Por ejemplo el CI (cociente intelectual) es el rasgo más estable de
una persona y que menos varía a lo largo de su vida. Es decir, en ningún
momento hace prevalecer lo que somos
a nuestras aspiraciones, simplemente
deja muy claro que la razón de
nuestros problemas, de nuestra infelicidad y de la necesidad de sistemas
bipartidistas (aunque nos pesen) es que hasta ahora siempre hemos escuchado
demasiado a nuestras aspiraciones en
lugar de a lo que somos. ¿Quiere esto
decir que debamos renunciar a nuestras aspiraciones? Yo no lo creo. Jamás. La
obra tampoco lo defiende. Eso sería renunciar al bien más preciado humano, la
libertad. Nuestra rendición y nuestra
perdición. Pero no por ello la culpa se concentra en Rajoy, en un magnate
financiero que bien podríamos ser cualquiera de nosotros si hubiéramos nacido
en su “sino” o en los jefes de las grandes corporaciones más que en el ser humanoy en su naturaleza. Naturaleza psicológica.
Coartar nuestras aspiraciones, dado el sistema en el que vivimos, es
renunciar a un 60% de vida que puede
significar la diferencia entre ser mileurista o un empresario de extenso
curriculum, puede significar la diferencia entre acabar desempleado y sin
familia a llegar al sueño americano del chalet con perro y la parejita de
niños, puede significar la diferencia entre ser un mediocre o un director de
una exitosa corporación mundial o sencillamente la diferencia entre ser un
indigente o tener un sueldo y una familia. En definitiva puede significar la
diferencia entre ser libre de decidir tu
propio destino y no serlo. Pero el coste no es no solo la propia felicidad a veces, sino el
desequilibrio de la sociedad.
Algunos pensarán que lo que están
leyendo es una total barbaridad dialéctica. Algunos pensarán que estoy
proponiendo la sociedad que imaginó Aldous Huxley en su famoso “Mundo Feliz”. Pero
para nada es así, como dije al comienzo del artículo solo me estoy limitando a
exponer las causas de la desigualdad
social no ha descubrir las soluciones de la misma. Aunque a pesar de que no
me quiera mojar seguro que ustedes ya están reflexionando.
¿No será que el gran error siempre ha sido evitar
la desigualdad? ¿Porque nos
empeñamos en dejar de ser diferentes si son nuestras diferencias lo que hace
que los engranajes de la maquina del mundo funcionan con armonía? ¿Por qué nos
emperramos en ser como el resto, si es precisamente en esa búsqueda dónde
perdemos nuestra esencia? Y posiblemente nuestra felicidad más plena… ¿Estoy
diciendo que no se deba evitar la pobreza? No.Las diferencias en calidad de vida se deberían evitar, las diferencias en lo que somos no.Estoy diciendo que igual que hay "bomberas" (y no solo"bomberos") hay "enfermeros" (y no solo "enfermeras").Estoy diciendo que el mundo esta perfectamente creado para poder vivir en armonía.Estoy diciendo que somos unos seres únicos en complicarnos la existencia .Estoy diciendo que dejemos de vivir guiados por estereotipos y por "los debería ser" para vivir nuestra propia, individual e intransferible vida y dejar a los demás vivir la suya con respeto y sin prejuicios hacia sus diferencias. También estoy diciendo que igual que hay
ricos con hijos tontos hay pobres con hijos listos. Y esto se puede generalizar
a los rasgos de la personalidad, físicos, motivacionales, cognitivos o el sin
fin de cosas que nos hace ser quien somos
y nos diferencia de los demás, aquello por lo que discutimos con los demás,
incluidos nuestros propios padres o nuestra propia pareja, pero también aquello
por lo que esas personas nos son más importantes que el resto en nuestra vida,
por sus rasgos innatos.
Esto es un mazo, pero es así, y
les pondría otro fragmento de la obra anterior que arroja datos estadísticos
sobre esa cuestión si mi artículo no empezara a ser kilométrico. Crean lo que
quieran, ciérrense como hasta ahora en su coraje, ignoren el peso de lo innato,
censuren este artículo y no acepten sus limitaciones. Pero recuerden, quizás
sus hijos tampoco sean más felices siguiendo sus pasos por el simple hecho ser
sus hijos. Como he dicho nuestros hijos solo heredan un máximo del 50% de
nuestras capacidades o rasgos. O quizás
sean ustedes mismos los que se den cuenta que son unos infelices porque se
empeñaron en seguir los pasos de sus padres (mejores o peores, exitosos o
mediocres) o de sus amigos por miedo al rechazo, por miedo al ser diferentes,
por miedo a un sistema que no premia
ni paga la diferencia, solo paga al
productivo, (más salario) solo paga a
aquel que contribuye más a la maquina
del consumo y a la economía. Reforzando su conducta e inhibiendo la de los
que no pueden contribuir, como diría un psicólogo.
La clave, en mi humilde opinión, no está en pensar que destino es mejor que cual ni en cuanto de libres somos para decidirlo, sino en que todos nosotros entendamos y trasmitamos (con los sistemas legales, políticos, judiciales, económicos y sociales en consonancia) que todos los destinos son igualmente válidos (y en consecuencia todos serán igualmente premiados y retribuidos por el gobierno siempre y cuando no violen los derechos humanos) y serán mejores en tanto y cuanto se hayan alcanzado. Y el simple hecho de tener que alcanzarlo ya nos da unos objetivos por los que competir.Nos da una libertad humana sin la cual perderíamos el interés por vivir.
Por lo tanto, hablo de un mundo que aún prevaleciendo lo innato frente a lo adquirido no se obvie la interacción de lo innato con el ambiente, ni el poder de las experiencias que vivimos, transformando incluso nuestro "paquete genético" ( modificando lo innato; pero no como una meta, sino como una consecuencia de la búsqueda de "lo más innato" que pesa en nosotros y aspirar a vivir acorde a ese estilo o esencia que nos define a cada uno de nosotros).Por ejemplo alguien cuya motivación (actitud innata) por salvar vidas humanas es superior a sus condiciones físicas (aptitud innata) para por ejemplo desempeñar una labor de "bombero". En dicha visión tampoco se ignoraría la aleatoriedad genética , recuerdan; "ricos" con hijos "tontos"; entender que "rico" y "tonto" solo son etiquetas para designar una categoría social.Categoría sociales de las que muchas veces huimos por convencionalismo o por los prejuicios negativos ligados a ellas.
Por lo tanto hablo de un mundo que no obvia el poder del ambiente ni la aleatoriedad genética, por lo tanto hablo de un mundo que está muy lejos de ser "el mundo feliz" de Aldous Huxley en el cual, cuando nacías ya estabas predestinado a un guión de vida ajeno a tu control personal. Una predestinación que echaba por tierra cualquier ilusión por vivir, cualquier posibilidad de decidir tu destino, que echaba por tierra tu libertad.Lo innato no coarta las auténticas libertades. Coarta libertades encaminadas a metas socialmente (y no personalmente) deseables.Metas lejanas de darnos una paz interior. Una paz interior que, en mi opinión, radica la auténtica libertad.(El debate eterno sobre el supuesto antagonismo entre paz y libertad tendría su fin en este razonamiento ). Auténtica libertad coartada por un sistema creado por nosotros mismos. Creado por no entender esta importante distinción.Distinción entre lo que nos hace mejores según una cultura determinada y lo que nos hace realmente felices.La pregunta seria ¿Podemos vivir en un mundo con tantas culturas como personas la habitan?.Lo que si se, es que nada de esto será posible si esta distinción no es entendida por todos nosotros; con los sistemas legales, judiciales, políticos, económicos y sociales en consonancia entendiendo y trasmitiendo este razonamiento y ejecutando los sistemas legales autorreguladores necesarios, del mismo modo que se inventaron las prisiones, los juicios o los sistemas bipartidistas.Porque todos comparten un mismo objetivo, paliar las deficiencias de la naturaleza humana y ayudarnos a ser más felices. Y nuestra mayor deficiencia es que en la tarea de ser felices siempre tendemos a "copiarnos de el de al lado" sin percatarnos de que las preguntas están cambiadas de orden.
Pero de momento, está distinción no se ejecuta, los sistemas se rigen por los mismos criterios, no cedemos ante un sistema que premia al más "fuerte" y desprestigia al "débil", ceder sería perder la libertad de hacerte escuchar, sería morir como individuo.El problema es el sistema que no premia ni paga la diferencia solo aquel que contribuye más a la máquina del consumo y la economía.¿Será por eso que siempre se valora más a “los de números”
que a “los de letras”? Y nosotros, que orgullosos nos autoproclamamos revolucionarios “fuera del sistema” o ciudadanos “antisistema”, vamos y les seguimos “el royo”. ¿Se dan cuenta
cómo está dentro de nuestra naturaleza premiar lo “competitivo” y lo
“productivo”?. Esto no es ninguna “paranoia” de este servidor, ya que ya se ha
establecido un término para designar tal actitud que se presume como principal causa de la desigualdad social
y económica de este planeta. El término es capitalismo
cognitivo. ¿Se dan cuenta como “el criticado
sistema” somos todos? Las subdivisión
de “gente de números” y “gente de letras” y que se
valore más a los primeros no es falso, quizás solo sea un estereotipo, pero
más adelante hablaré de ellos.
Es
curioso ver más hechos empíricos (igualmente contrastados por investigaciones
que no plasmo aquí por espacio) como que hay menos mujeres “de números”. ¿Recuerdan?
fue un hombre el que plantó una valla y dijo “esto es mío” pero dudo que una mujer que pasara por ahí no se
quedara impresionada por su “competitivo y exitoso” acto, reforzando así su
conducta, como diría un psicólogo.
Esto en pequeña escala no es
real, los hombres no van pensando en hacer una fortuna desde que se levantan
hasta que se acuestan (bueno, los magnates financieros si) y si lo hacen, les
puede dar bien igual impresionar a ninguna mujer, al igual que estas tienen un
sinfín de más cosas en la cabeza que sentirse atraídas por tales caracteres.
Esto son estereotipos, solo estereotipos, pero los datos sociológicos informan de que los estereotipos son estadísticamente ciertos. Que las mujeres se
sienten atraídas por los hombres con liderazgo y mayor estatus es un estereotipo, que los
hombres nos sentimos mejor cuando tenemos el poder es un estereotipo, que “dos tetas tiran más que dos carretas”
también lo es. Deduzcan ustedes mismos este silogismo. La productividad sigue mandando. Uno de letras nunca va a ser un
ingeniero de telecomunicaciones que diseñe un nuevo procesador, sin embargo uno
de números sí. Uno “de números” jamás le va a interesar este artículo, a uno de
letras le gustará escribirlo. Algo me dice que los grandes inversores que
manejan Wall Street y tejen los hilos
de la debacle mundial también son de números y no creo que a ninguno de esos
magnates financieros les interese leer esta clase de artículo que habla sobre
solidaridad, cambios ideológicos y otras “maricionadas”. ¡Bah! cosas abstractas
sin beneficio, pensarían…La productividad sigue mandando. Y a mi juicio no
saldremos del hoyo mientras siga mandando y prevaleciendo todo lo que ayuda a
la maquina del consumo y la economía seguir en marcha.Una maquina enfermade
productividad y perfección.Eso es
lo que somos.
Es posible que esta sociedad
camine hacia un mundo mejor el día
que todos y cada uno de nosotros sepa reconocer sus virtudes, pero también sus defectos.
Puede que algún día saltemos por encima de los prejuicios. Puede que algún día
entendamos que debemos dejar de comprar
iphones, ¡demostremos que no nos importa ser diferentes! Revolucionamos la
sociedad, pero no cómo hasta ahora, seamos un verdaderos revolucionarios y
hagámoslo de “abajo a arriba” y no
al revés evitando dar lugar a guerras o debacles peores para todos. Dejemos de
ser ese vecino con miedo a sentirse desplazado por el resto de la comunidad,
primero usted, después España, después el mundo.
¡Que tontería! Estarán pensando
ustedes…cómo si todo se solucionara dejando de comprar productos “no básicos”.
Pero sepan una cosa, es la misma razón por la que ustedes no se atreven a
hacerlo, la misma, por la cual España, aún sin poder y a costa de las clases
sociales más pobres, decide continuar en esa comunidad “financiera” de vecinos
que ya se le queda grande. La misma razón, el miedo a la exclusión, el miedo al
rechazo y las posibles consecuencias negativas futuras impredecibles.
Demos
un ejemplo a los que tejen los hilos de que nos es más importante ser
que aparentar,
puede que ese día los magnates
financieros dejen de decir ¡compro!, puede que ese día las grandes corporaciones, sin esa financiación, se hundan y ocupen su
lugar los servicios públicos, del estado y de todos para todos. Puede que
consigamos un bienestar mínimo para
todo el mundo sin necesidad de evitar desigualdades
inmutables en nuestra naturaleza. Quizás ese día se valoré a las personas por
lo que son y no por lo que ganan. Quizás ese día se entienda que todos somos eslabones necesarios. Desde el
agricultor hasta el político, desde el humilde hasta el cínico. Pero ambos aceptando
su condición. Su condición de menos inteligente por parte del agricultor y su
condición de narcisista por parte del político. Aunque no nos guste al
principio. Si no nos gusta es por prejuicios culturales. Y estos se modifican
con el tiempo. ¡¿Que es narcisista?!¡Una etiqueta! Cargada de afectos negativos
cómo la prepotencia y el cinismo, ¡¿Qué es ser humilde?! Otra etiqueta cargada
de afectos negativos como el fracaso económico y eso sí, a diferencia del narcisista,
cargada por algo más que afectos, cargada de hechos negativos como es una renta baja culpable de su
supervivencia. Cambiemos los hechos y desaparecerán los afectos negativos.
Quizás cuando nos percatemos de que todos somos absolutamente necesarios no
necesitemos recurrir al otro 60% de vida porque dejaremos de robarnos entre
nosotros lo que nunca nos ha pertenecido. Pero el humilde consciente de su
humildad y el cínico consciente de su cinismo. Ambos conscientes, ambos libres de decidir su destino. Porque
aceptarse no es lo mismo que resignarse. Quizás ese día nos dejemos de medir
por nuestros sueldos y nos midamos
por nuestra autorrealización. Quizás
entonces hagamos uso de una libertad y competencia humanas mucho más sanas.
Puede que ese día los sueldos
dejen de ser sueldos y solo sean el dinero que mueve los servicios del mundo,
pero no a las personas que llevan tales servicios. Quizás ese día a un político
o un alto ejecutivo le dé igual cobrar lo mismo que un carnicero porqué sabe que
ese es su sitio, su motivación y su finalidad. Ambos necesarios. Va siendo hora
de entender que “pobre” es solo una etiqueta a la que equivocadamente hemos
atribuido el significado de fracasado y “rico” otra etiqueta a la que le hemos
atribuido el significado de exitoso. Y
lo hemos hecho por la simple razón de que “el pobre” produce menos y “el rico”
produce más. Pero cuando las estadísticas te dicen que es la excesiva productividad la que nos va a llevar a la debacle,
entonces empezamos a reflexionar sobre dichas etiquetas. Hay que reformularlas,
hay que modificar “pobre” por “menos productivo” y “rico” por “más productivo”.
Y entender que la productividad solo es beneficiosa para todos cuando está en
compensación al PIB y esto se traduce en que hay que
disminuir dicha productividad.
¡Anda! si ahora va a resultar que los realmente necesarios para el equilibrio
son “los pobres”, perdón “menos productivos”. Quizás el día que los que ponen
las leyes entiendan esto, los sueldos sean mucho mas equiparados y los humildes
(menos productivos) puedan serlo sin ver peligrar su autoestima, o peor, su
supervivencia y mientras, los “inteligentísimos trabajadores compulsivos” (más
productivos) puedan también serlo sin temer por su soledad, su estrés o el
“vacío que sienten”. A lo mejor en ese momento el improductivo abandona su baja
autoestima y el productivo su estrés. Solo a lo mejor, solo puede, solo quizás.
Como he dicho estas no son soluciones comprobadas, solo reflexiones.
Reflexiones quizás. Solo quizás.
Solo ese utópico
día nuestros defectos serán lo que lleva gritando, no la religión, sino la evolución de nuestra especie durante
siglos. Grito ahogado de que nuestros defectos nunca han dejado de ser la
clave. Grito ahogado de que nunca han dejado de ser defectos perfectos.
Porque solo gracias a sistemas defectuososhemos hallado las
soluciones para mejorar el mundo. Porque solo en las épocas de crisis aumenta
la empatía entre las personas. Porque solo después del genocidio judío se
establecieron los derechos humanos y
solo después de la crítica situación que estamos viviendo todos los españoles y
cada día más países, víctimas, no de un solo gobierno, sino de una ideología de gobierno globalizada y
desfasada se podrá llegar a la
solución, o hacerles llegar a la solución, a aquellos que, sin defectos en sus despachos
ovales, quieren, pero no pueden reflexionar sobre ello.
Jesús García Muñoz
....GAME OVER PRODUCTIVOS....
FIN DEL JUEGO
“Bienaventurados los
pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”Mateo 5:3
. . .”Porque el reino de los cielos es semejante a un
hombre, un amo de casa, que salió muy de mañana para contratar obreros para su
viña. Cuando hubo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a
su viña. Saliendo también cerca de la hora tercera, vio a otros que estaban de
pie desocupados en la plaza del mercado; y a aquellos dijo: ‘Ustedes también, vayan a
la viña, y les daré lo que sea justo’. De modo que ellos se fueron. Él volvió a
salir cerca de la hora sexta, y de la nona, e hizo lo mismo. Finalmente, salió
cerca de la hora undécima y halló a otros de pie, y les dijo: ‘¿Por qué han
estado de pie aquí desocupados todo el día?’. Le dijeron: ‘Porque nadie nos ha
contratado’. Les dijo: ‘Ustedes también vayan a la viña’. ”Cuando empezó a
anochecer, el amo de la viña dijo a su encargado: ‘Llama a los obreros y
págales su salario, procediendo desde los últimos hasta los primeros’. Cuando
vinieron los hombres de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. Por eso, cuando vinieron los primeros,
concluyeron que ellos recibirían más; pero ellos también recibieron pago a
razón de un denario. Al recibirlo, se
pusieron a murmurar contra el amo de casa y dijeron: ‘¡Estos últimos trabajaron una sola
hora; no obstante, los hiciste iguales a nosotros que soportamos el peso del
día y el calor ardiente!’. Mas él,
respondiendo a uno de ellos, dijo: ‘Amigo, no te hago ningún mal. Conviniste
conmigo por un denario, ¿no es verdad? Toma lo tuyo y vete. Quiero dar a este último
lo mismo que a ti. ¿No me es lícito
hacer lo que quiero con mis propias cosas? ¿O es inicuo tu ojo porque yo soy
bueno?’. De esta manera los últimos serán primeros, y los primeros, últimos”.