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sábado, 3 de noviembre de 2012

¿Se aprenden valores en la escuela?


La educación está sumida en un patente “caos” que hace que se la cuestione en todos sus aspectos. El gran fracaso de los resultados de la misma en nuestro país les hace a los padres, no solo cuestionar los métodos de las escuelas, sino también plantearse en qué medida se trasmiten ciertos valores. Los estudios de a continuación muestran que valores, con intención o sin intención, se trasmiten. Ahora… ¿son los valores que los padres quieren para sus hijos?


La LGE en 1970, la Constitución de 1978, la LOECE (ley orgánica de estatutos de centros escolares) en 1980, la LODE  (ley orgánica de educación) en 1985, la LOGSE  en 1990, la LOPEG (1995), la LOCPFP (2002), LA LOCE (2002) y finalmente la LOE (2006) completan el casi “sarcástico” recorrido de las leyes del sistema educativo español en apenas 40 años. Esto, por sí solo, deja claro que los criterios sobre como asentar las bases que rigen, en última instancia,  la educación de nuestros hijos en las escuelas de este nuestro país están muy, pero que muy difusos.

Hay un anuncio de Mapfre que pulula por las calles que dice "Si la educación cambia tan rápido, no podemos educar como hace 20 años "

Está claro que este cambio constante demuestra las crecientes dudas de cómo afrontar asuntos de máxima relevancia como el desfase de contenidos curriculares con la metodología de estudio, la atención a la diversidad, el anclaje al sistema educativo europeo  o las igualdades de acceso, de oferta educativa o de resultados. Igualdades que se engloban dentro de la llamada “equidad” (mismas condiciones educativas para todos) que siempre nos venden pero nunca se cumple. Y en detrimento de la equidad se apuesta por la excelencia. Todo no se puede. O haces una educación “de cara a la galería” para la UE o equilibras condiciones dentro de tu país. O aparentas o eres. Ya sabemos para qué lado se suele decantar siempre el ser humano.

El caso es que la realidad sigue siendo la misma en España, y los padres se empiezan a plantear serias dudas sobre un gran abanico de aspectos educativos, entre ellos, los valores que se trasmiten en la escuela. ¿Realmente se trasmiten? La respuesta es sí. ¿Adecuadamente? La respuesta es probablemente no.

Los valores encubiertos:

Existe, actualmente, una controversia en EEUU sobre la enseñanza de valores. Muchos piensan que los colegios deberían enseñar ciertos valores; otros creen que la enseñanza de valores debería ser responsabilidad de los padres y la familia. Tanto si los colegios enseñan o no ciertos valores de forma explícita, lo cierto es que la investigación llevada a cabo en colegios de diferentes países sugiere que al menos lo hacen de forma implícita.

Joseph Tobin , David Wu y Dana Davidson grabaron en vídeo algunas clases preescolares en Japón, China y Estados Unidos. En cada país pidieron a los niños, profesores, padres y a la administración, su opinión sobre las grabaciones de los tres países. Analizando los comentarios se puede observar cómo se enseñan diferentes valores de forma implícita en cada uno de los países.

En primer lugar está la importancia del grupo frente al individuo. En EEUU la mayoría de las actividades diarias permiten algún tipo de elección individual; en Japón y en China predominan las actividades en grupo, aunque los japoneses son flexibles en cuanto a la hora de entrada, tiene más tiempo de recreo, mayor libertad para hablar y moverse que los chinos. En segundo lugar está la fuente de control. Los profesores japoneses cuentan con la ayuda indirecta del grupo para controlar el comportamiento de los niños. Después de 9 meses, por ejemplo, el niño revoltoso se sentaba solo durante la comida; los demás niños no querían sentarse con él. Por el contrario, los profesores chinos procuraban que los niños se comportaran como los demás del grupo mediante un fuerte control sobre el comportamiento. Los profesores norteamericanos también intervenían en caso de mal comportamiento.

Los valores culturales cambian. Aunque muchos miembros de la administración pensaban que los centros pre-escolares japoneses tenían un estilo claramente “japonés”, y, por tanto, muy satisfactorio, muchos padres y profesores japoneses criticaron al colegio y dijeron que existían “mejores” colegios en Japón, más parecidos a los norteamericanos.

Algunos japoneses pensaban que debía prestarse mayor atención a las necesidades individuales de niños inquietos. Algunos chinos aquejaron, al ver las cintas del colegio chino, que este era demasiado “anticuado”. Aún así seguían pensando que los colegios norteamericanos y japoneses daban demasiada libertad a los niños. Los chinos también señalaron la importancia de que sus colegios no “consintieran” a los niños, sobre todo ahora que los padres no pueden tener más que un hijo.

En conclusión de este estudio se puede decir que los colegios de preescolar de diferentes países intenta, tanto consciente como inconscientemente, socializar a los niños según los valores ya presentes en su cultura.

Pero vayamos un poco más allá. Está plenamente consolidado que los estilos educativos inconsistentes (p.ej. padres que se contradicen ellos mismos o entre sí a la hora de enseñar determinados modales  a su hijo) son los que más hay que evitar para que nuestros hijos se socialicen correctamente y aprendan unos buenos hábitos con los que desenvolverse en su futuro. Por tanto, es más importante que el entorno (padres, profesores, medios de comunicación, política, religión, ideología) no se contradigan a la hora de educar a un niño aunque, incluso, sea más autoritario que permisivo o viceversa.

Aunque hay que señalar que el estilo permisivo, muy de moda, siempre da peores resultados que el estilo equilibrado o consistente (el mejor) o incluso el autoritario. Datos de investigaciones longitudinales (a lo largo de la vida de muestras representativas de niños controlando variables económicas y socio-demográficas) sobre conflictividad, fracaso escolar, inserción al mundo laboral e incluso fracaso en las relaciones de pareja en el futuro confirman la hipótesis.  Pero lo relevante, por tanto, es no contradecirse. Si no, el niño no asimilará “ni una cosa ni otra”. Sabiendo esto. ¿Si los valores que se trasmiten por padres, profesores, etc. se hacen de forma implícita, y por tanto por criterios personales, individuales y por tanto, irremediablemente contradictorios no se deberá buscar una unificación explícita  de valores? 

Ahora… ¿qué valores nos trascienden a todos a pesar de nuestras diferencias? Esta es la gran pregunta. ¿Qué es y debe ser lo importante en esta vida para todos a pesar de todas nuestras diferencias? ¿Qué necesitamos todos por igual? Algo me dice que son pocas cosas las que realmente necesitamos. Ahora, socialmente, es otra historia.

Contradicciones humanas

Desde el inicio dejé claro que el sistema educativo, en concreto el español, no tenía claro los criterios que rigen las bases sobre las cuales asentar una determinada forma de educar. Pero después de comprobar en el apartado inmediatamente anterior que también son los propios padres los que se contradicen en sus opiniones ya no nos queda tan claro a quien echarle la culpa. ¿Sirve ahora el gobierno y el sistema educativo de chivo expiatorio?

¿Porque dentro de los propios japoneses hay quienes afirman con rotundidad que sus escuelas siguen un formato educativo (y de trasmisión de valores) totalmente “japonés” y apropiado, pero paradójicamente, también los hay (y en abundancia) que preferían colegios “más parecidos a los norteamericanos”?

Los diseñadores del estudio atribuyen esta paradoja humana a que las culturas cambian. ¿Y yo me pregunto no será ese el mayor error? Dejemos de echar balones fuera. Dejemos de maniatarnos. Las culturas puede que cambien… pero ¿No cambian aún más las personas? O más que cambiar… ¿No será que las personas son diferentes en su forma de pensar más allá de lo que una determinada cultura pretenda imponer? Pero recuerden al ser humano, hedonista por naturaleza, le va más el aparentar que el ser. Y con esta lógica vivimos ciegos, siguiendo a la mayoría. Quizás el día que cambie esto nos demos cuenta de que las “culturas” no son más que una “piel sobre la piel”. Algo que nos representa y con lo que nos identificamos, y que por tanto, ciegamente seguimos.

Pero la globalización actual, globalización que también es cultural, para bien o para mal, nos está zambullendo en  una “marea” de valores, formas de vida y culturas contrapuestas, convergentes en ciertos puntos y divergentes en otros. El resultado es que el chaval inexperto de temprana edad, el pre-adolescente, aquel que busca con qué identificarse precisamente, ese chaval de hoy en día no tiene a que agarrase. Los valores familiares y “la tradición” están pasados de moda. Nuestra historia tanto mundial como personal de cada uno de nosotros están pasados de moda, eso de no obviar nuestro pasado para crear nuestro futuro es, ahora, una falacia.

Lo cierto es que internet y la sociedad de la información brinda a las nuevas generaciones una oportunidad esplendorosa para conocerse a sí mismos. Una gama de oportunidades para desarrollar valores propios que no brindaba una sola “familia” en generaciones pasadas. Oportunidades acordes a las demandas de la diversidad humana. Diversidad más grande y significativa que cualquier “cultura”. Más oportunidades de conocerse a uno mismo. Tradición o libertad. Pasado o futuro. Los senderos podrían y deberían confluir. Pero en uso y usura parecen bifurcarse. ¿O que le importa a usted más a caso? ¿Ser o aparentar? ¿Sabrá usted encontrar sus valores? ¿Sabrá acomodarlos a los de su cultura? ¿Encontrará su “tronco al que amarrarse” en esa “marea” de información que es la sociedad actual? ¿Sabrá como trasmitirles esos valores a sus hijos? ¿Deberá? ¿Es tanta la diversidad humana como para que ni padre e hijo deban compartir unos mismos valores? ¿Y los profesores? ¿Y los gobernantes? Los criterios lejos de poder ser unificados están cada vez más difusos.

Adultos rebeldes:

¿Queremos que nuestros hijos asimilen valores? ¿Pero acaso nos hemos mirado los adultos al espejo? ¿Somos tan adultos y maduros como nos creemos?

Hay un anuncio de Mapfre que pulula por las calles que dice "Si la educación cambia tan rápido, no podemos educar como hace 20 años "

¿Saben que los psicólogos educativos y del desarrollo informan de que, globalmente, cada vez los jóvenes tardan más en salir de su “adolescencia”?. El inicio de la “adolescencia” para los psicólogos está claramente marcado por los cambios biológicos y hormonales, pero el final de la misma es sumamente ambiguo por la razón de que el criterio que se ha establecido para marcar su final es la independencia o emancipación, la cual depende de un criterio social, y este es difuso, precisamente por depender de culturas determinadas, de situaciones económicas determinadas y de valores determinados. Y esto es así porque nuestro sistema endocrino no interactúa con el de otra gente, las culturas en cambio, sí. He aquí la subjetividad de la psicología como supuesta “ciencia”.

Esta independencia o emancipación de los jóvenes, cada vez, tarda más en producirse tanto que se ha tenido que “inventar” una nueva etapa de la adolescencia, “la adolescencia tardía” (a partir de los 18 años).A los jóvenes, cada vez, les cuesta más encontrar su sitio.  La adolescencia se entiende por tanto como una transición, un proceso más de expectativas que de logros, aquel proceso en el que identificamos los valores de fuera y los hacemos propios. Cada vez hay más “valores” fuera. La “correa” es mucho más amplia. Pero también lo es la búsqueda. Y eso es bueno, siempre y cuando no nos perdamos.

“La adolescencia termina con la conciencia de la necesidad y de la belleza del trabajo, de la realidad del trabajo” […].Connie Palmen. Las leyes.

Stanley Hall, pedagogo y psicólogo estadounidense especializado en la influencia de la genética en las sociedades y el desarrollo humano, definió un día el desarrollo evolutivo de la especie humana como una analogía del desarrollo y transcurso de la vida de una persona. Este paralelismo tiene antecedentes ya en Empédocles (484-424 a. C.), la ley biogenética de Haeckel (1866) y el darwinismo social (1879).

S.Hall (1904) entendía el desarrollo ontogenético (desarrollo vital) como una “maqueta” del desarrollo filogenético (desarrollo evolutivo de la especie a lo largo de años, generaciones, siglos…).El psicólogo estadounidense fue más allá. Según Hall si la evolución de la vida de una persona es una “maqueta”  a pequeña escala de la evolución de la especie, las distintas etapas confluirían también, y así, la adolescencia se convertiría en el punto más importante, ya que es el punto de inflexión entre “el hombre instintivo” y “el hombre actual”; es decir, allí donde los valores, finalmente, se asientan.

Puede que este científico no andará tan desencaminado y estemos en nuestro momento de la historia más complejo, que no más duro en cuanto a “bienestar” y a condiciones de vida se refiere. Sin embargo, vivimos en constantes contradicciones por todavía no saber si somos empollones, punks, “barrio-bajeros” sin futuro, poligoneros, hijos de mileuristas, chonis, universitarios, revolucionarios, inmigrantes, heavies, intelectuales, deportistas, frikis o saber que otras categorías sociales con las que identificarse. Y con la globalización el abanico de posibilidades se multiplica. Y a mi juicio, eso es bueno.

Puede que cada vez, precisamente, por tener los limites más difusos que nunca estemos pasando de nuestra “adolescencia evolutiva” a nuestra madurez. Puede que algún día sea ese día en el que todos esos punks, poligoneros, heavies, revolucionarios e intelectuales acaben convirtiéndose en lo que todo el mundo, en simples y aburridos padres y madres de familia, con una hipoteca tan pesada como su matrimonio. Pero habiéndose encontrado a sí mismos. Dejando la atractiva libertad a un lado, para encontrar la aburrida paz. 
Pero también es cierto que  la tercera parte de este mundo daría un brazo por poder gozar de la estabilidad de hipotecas y matrimonios de los que disfrutamos en el mundo “desarrollado”. Descompensadamente desarrollado diría yo. “Pero así nos creemos menos simples y más poderosos. Nos creemos un poco menos pequeños en este universo. Con más control. Pero en esas ansias de progreso la polución ya casi no deja contemplar las estrellas. ¿A quién le importan? ¿A quién le importa aquello que no se puede alcanzar?”...

– ¡Calla mujer! ¡Deja de mirar al cielo! ¡A caso crees que las estrellas alimentan a esta familia! ¡Apártate de la ventana y déjame coger el reloj que está en el poyete!, llego tarde al trabajo, me esperan en wall street, los taxis si se pueden alcanzar, la bolsa cae en picado y hay que reconducir y controlar  la situación, no podemos perder más, ¡ah! se me olvidaba, no se te olvide recoger a los niños de la escuela, que te vaya bien el día, un beso cariño-

¿Paz en lugar de libertad? ¿Asusta verdad? Más le asusta a las primeras responsables, la política y la economía. Pero tranquilos, siempre podremos viajar al mundo de nunca jamás con Peter Pan. Así todo seguirá igual, “adolescentes rebeldes”. Ahora no esperen, entonces, una unificación de valores. Como decía Okham “la mejor explicación suele ser la más simple”. Y lo más simple apabulla la mente humana tanto como la paz. Como reza una canción de “fito y los fitipaldis” quizás la respuesta sea no preguntarse ¿por qué? Y sencillamente vivir y dejar vivir. Y eso, solo si lo entendemos, solo si nadie nos lo impone, también es libertad.

Fuentes:



Jesús García Muñoz

martes, 18 de septiembre de 2012

Creatividad, la capacidad que más demandarán los empresarios en el futuro.


La sociedad cada vez cambia a un ritmo más acelerado. Las nuevas tecnologías, la sociedad de la información (S.I.), el hecho de que las personas gracias a internet dispongan de toda la información que deseen cuando deseen. Ello está llevando la cultura a un punto de inflexión en el que importa menos tener información a saber cómo utilizar dicha información. Esta tendencia se está incorporando desde los pilares de nuestra sociedad, la educación, hasta las enseñanzas superiores y la incorporación al mundo laboral.


Preparación para el mundo laboral:

De esta manera ahora se busca una preparación lejos de la que hasta hace poco se practicaba. Las clases de “teoría” en los colegios y las clases “magistrales” en la universidad cada vez tienen menos cabida en la que los psicólogos y sociólogos denominan Sociedad de la información. Ahora se enseñará a saber manejar toda esa información disponible en la red. Se enseñará a cada persona a descubrir sus intereses y sobre todo, a saber crear cosas nuevas con dicha información. Los grandes avances de las últimas décadas nos han hecho pasar de una sociedad basada en la producción masiva de objetos a una sociedad de servicios y de información. Por tanto el motor son las ideas y la creatividad. Estas se antojan indicadores directos de productividad, éxito y rendimiento. La creatividad junto con otras dos capacidades; la capacidad de trabajo en equipo y la adaptación al cambio. ¿Porqué estas capacidades? Porque también se habla de la sociedad del aprendizaje continúo. Múltiples estudios al respecto abalan que la productividad de cualquier proyecto se multiplica cuando este es llevado por grupos grandes, desde puntos de vista o campos intelectuales distintos y no de manera individual o intraprofesional. Es esta la causa de iniciativas tales como el recriminado (por cuestiones económicas en especial) plan Bolonia que busca impulsar las capacidades de trabajo en equipo.

Nos encontramos a las puertas de un nuevo mundo empresarial en el que prima el conocimiento compartido y en dicha visión del trabajo primarán las colaboraciones entre empresas de distinta índole, países e intereses, dónde la capacidad para llegar a acuerdos fructíferos es vital y dónde los trabajadores y los altos cargos se verán forzados a cambiar su punto de vista constantemente para entender la postura del colaborador. Ahí es dónde entre la capacidad de cambio, el aprender cosas nuevas constantemente y una última que no he nombrado hasta ahora, la capacidad de gestionar el propio aprendizaje, o el denominado, en psicología, “metaprendizaje”…porque la sociedad que nos espera es de todo menos estática. De ahí que se busque ampliar la formación básica con un año más de bachillerato. Para cursar más asignaturas optativas con las que el alumno se identifique antes de equivocarse de carrera y acabar tirando dinero público.

Ya no se buscan profesionales en una rama. Ya no existen los especialistas, ya no existen ahora que buena parte del mundo tiene acceso a una documentación impensable hace pocas décadas, y sigue evolucionando. En la era de la información se buscan trabajadores con capacidad de fusionar fuerzas diversas, aunar conocimientos, crear espacios compartidos e innovar.


La raíz del fracaso escolar español

Se sabe que le educación finlandesa es la que presenta un mayor rendimiento escolar con apenas un 1% de fracaso escolar. Él cual contrasta con el 28 % español. Y justo hasta este preciso momento no se les ha ocurrido a los profesionales de la psicopedagogía hacer un estudio observacional y exhaustivo sobre qué es lo que funciona tan bien allí y que se ignora aquí. Se presumen varios factores relevantes y “macrosistémicos”, es decir, que las escuelas funcionen bien no depende de las propias escuelas sino de toda la sociedad en su conjunto.

Los españoles no somos ni más listos ni más tontos que nadie. Las influencias de toda una cultura son variables a tener en cuenta en el proceso educativo de niños, adolescentes y jóvenes. Tampoco los profesores son los culpables de nuestra fracaso escolar, es más, probablemente la causa sea un motivo subyacente “ideológico” o de “valores”.

¿Han visto la nueva campaña de publicidad de concienciación educativa? ¿Aquella en la que aparece el prestigioso humorista José Mota como referente rodeado de niños? El anuncio podrán verlo en postes publicitarios de marquesinas de autobús o en el anuncio por televisión. En dicho anuncio se intenta transmitir una palabra en especial, detrás de la cual se presume que habita el fracaso educativo. Se trata de la palabra reto.

Y es que muy probablemente ese es el problema de fondo. El niño, y en especial el adolescente español no perciben la escuela como una prueba de su valía o como un medio para conocerse a sí mismo y sus capacidades, sino como algo tedioso e improductivo. No conseguimos nada diciéndoles “hay que estudiar qué sino, no serás nadie en el futuro”. Hay que decirles “si estudias quizás llegues alto, quizás seas mediocre o quizás no llegues a nada, pero si no estudias lo peor no será que descartarás las dos primeras opciones, sino que siempre vivirás con la duda de si realmente valías para algo y no te habrás conocido a ti mismo”. Porque al final el único mediocre es el que no ha sabido encontrar aquello que realmente le gusta hacer.

Todo esto se engloba en conceptos de psicología educativa actuales como Identidad personal e Identidad Académica. La tendencia actual no es solo guiar al alumno por métodos docentes más prácticos y aplicados para que este pueda verse reflejado en lo que académicamente le atrae (identidad académica) sino también, y casi más importante una identidad personal, dónde el equilibrio emocional juega un papel importantísimo en edades tan complicadas, dónde además, significan el momento clave en el cual la persona construye  la mayor parte de la que será su identidad en el futuro, su autoestima, su autoconcepto…En definitiva se busca que el alumno desde edades tempranas aprenda a conocer sus puntos fuertes y sus puntos débiles para resucitar su motivación por estudiar.

Así, volviendo a los factores “macrosistémicos” que hacen del sistema educativo finlandés el mejor de la Unión Europea, podemos destacar un sistema productivo, sin diferencias sociales, con conciencia social y la motivación intrínseca (que el hecho de aprender sea lo que motive y no el resultado de un examen). Además es de destacar que su sistema educativo es el que menos horas lectivas imparte según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).


Un plan inviable:

Esto son los hechos, ahora yo les invito a plantearse algunas preguntas en torno a ciertos datos, en torno a la educación superior y, en especial al momento que atraviesan las universidades de España.

Al igual que se sabe lo bien que funciona la educación en Finlandia, también se sabe que el “revolucionario” plan Bolonia está fracasando en otras partes de Europa. No voy a entrar en los fundamentos económicos del plan que en este mismo instante levantan ampollas, solo diré desde un plano más psicopedagógico que los objetivos puramente educativos que se tenían no se están cumpliendo.

El plan prometía una “excelencia educativa” que no se ha producido. Y que todos veíamos difícil que se diera desde el primer curso. El equilibrio entre “calidad” (una buena trasmisión de conocimientos al alumno)  y “equidad” (a todos los alumnos de distintas clases sociales, umbrales de renta, etc) ha sido, obviamente, imposible. No se puede pretender dar clases prácticas a grupos grandes de alumnos porque no servirían de nada. Los alumnos necesitan un espacio menor en el que debatir entre si y exponer sus ideas dando rienda suelta a su creatividad, capacidad de decisión y otras capacidades fundamentales para el mundo laboral.

Se optó, por tanto, por hacer desdobles de aulas que, por restricciones especio-temporales (suficientes aulas, suficientes ordenadores portátiles, suficientes mesas, suficientes horas en el día…suficiente dinero), se hacían y se hacen lógicamente inviables.

El primer curso del plan Bolonia está a punto de finalizar este año el grado y con él, el sufrido experimento al que toda esta promoción de estudiantes ha sido sometida. Hemos tenido que soportar (y que seguiremos soportando durante este curso) los lógicos errores y las contantes modificaciones del plan de estudios, procesos de evaluación y calificación, la desordenada gestión docente, etc… sin más víctimas que la merma en nuestros propios expedientes.

Un plan educativo así es muy idílico, pero poco realista. La realidad es que no hay dinero. O hay dinero solamente para lo que interesa. La verdadera realidad es que hacen falta más profesores por alumno para impartir clases en las que se hagan subgrupos  e interacciones complejas entre alumnos que requieren un feedback oportuno imposible de llevar por un solo profesor, o mejor dicho, por un solo sueldo.

Los profesores no dejan de ser una víctima más de este plan Bolonia muy bonito por fuera, pero con goteras por dentro. El gobierno como acabamos de ver con la subida de tasas a optado por la decisión que se hacía esperar. ”No podemos (o queremos) pagar a más profesores por alumnos pero si podemos poner a menos alumnos por profesor”. Al final el plan Bolonia ha acabado siendo lo que ya sabíamos y que las altas esferas se empeñaban en desmentir. “Una educación de élites”. Muchos profesores universitarios concienciados ya salen ellos mimos a las huelgas percatados de que un máster publico de 6000 € no se corresponde con la calidad educativa que se podrá impartir e incluso animan a sus propios alumnos a “huir” a cursar dichos másteres en comunidades en las que la subida de tasas ha sido menor, véase la Comunidad Valenciana.


La letra pequeña del plan Bolonia. Una visión más antropológica.

Pero lo peor, desde mi punto de vista, no son todas estas repercusiones económicas. Estas solo son daños colaterales de la que puede ser solo la punta de un enorme iceberg.

Lo peor es que en torno al plan Bolonia, cuando se inició ya se hablaba de “rankings de universidades” y de “campus de excelencia”. Se hablaba de futuros aumentos de tasas y de la necesidad de obtener altas calificaciones constantemente. Hablamos de un plan que presume enseñar a los alumnos a trabajar en equipo para acabar compitiendo con tus propios compañeros por una beca o unos recursos escasos ¿Esto es innovador?

Es un plan que no aspira a enseñarnos a cooperar sino que aspirar a enseñarnos técnicas, actitudes y aptitudes para la vida empresarial. Esto puedo conseguirlo en algunos alumnos más o en otros menos. Pero que no nos vendan una mentira, y mucho menos nos la creamos.

Muchos problemas que acarrea la sociedad actual provienen de la excesiva competición entre las personas, ya sea en la esfera educativa cómo en la laboral. Esto debido a una ideología “socioeconómica” actual dónde prima el individualismo y la competición por encima del resto de valores morales.

Un dato que apoya esta afirmación es que cada vez hay menos trabajadores sindicados en las sociedades occidentales, los estudios arrojan un 2% de sindicalismo frente al 16% de los años 90 y más lejos aún de la época de la transición.

En las universidades y en las escuelas el asociacionismo y los órganos de representación estudiantiles están en vías de extinción y los que quedan apenas tienen un peso real o una confianza por parte del órgano de gobierno universitario.

En definitiva, si ya se habla de crisis de valores prepárense a unas pocas generaciones adelante, dónde la juventud habrá tenido que asimilar a la fuerza de “aprueba o revienta” unos valores individualistas y competitivos antes otros más colectivos y comunitarios.

Y si esto les parece duro, aún hay más, porque cómo describía al inicio de este artículo,  “estamos en la sociedad del aprendizaje continuo” dónde los trabajadores tendrán que “aprender a aprender”, aprender a gestionarse a sí mismos y esta espiral de competitividad y rendimiento perfecto no se acaba en la universidad sino que ahí solo ha empezado.

Eso de gestionar el propio conocimiento, hace capaz de todo hasta aquel con menos aptitudes, que no actitudes. Eso de dotar a la persona de las herramientas necesarias para alcanzar casi cualquier meta que se presuponga (sea laboral, académica…) puede que no sea un criterio social tan bondadoso como parece a primera instancia.

Ojo, no estoy diciendo que no haya que enseñar a las personas a conocerse a sí mismas, estoy insinuando que los estudios corroboran que el dinero no da la felicidad y esta depende más de las relaciones interpersonales que de él nivel de renta.

“El dinero es equivalente a la felicidad cuando uno vive por debajo del nivel de supervivencia, pero por encima de este nivel no está probado en absoluto que existe una relación directa entre niveles de renta y felicidad” Eduard Punset.

“La felicidad tiene que ver con el compromiso, con la dedicación y con la concentración de todos los sentidos en una tarea concreta que sea del agrado de la persona”. Eduard Punset.

Esta nueva ideología de “aprender a aprender” sería algo así como crear autónomos de nuestro propio conocimiento. Y ya sabemos que se suele decirse de los autónomos “hay quienes lo llevan muy bien, pero también existe el “estereotipo” (y los estereotipos son estadísticamente ciertos) de que “nunca se permiten unas vacaciones”. Ya preveo huelgas a la japonesa en España.



Quizás no sea tan malo eso de vivir bajo la responsabilidad de un jefe. Quizás no sea tan malo eso de vivir en la ignorancia. Como todo, es probable que sea bueno o malo según las personas. No afirmo nada, solo lo planteo. Quizás no sea bueno que Finlandia y Japón estén entre los 13 países con tasas más altas de suicidios del mundo. Quizás lo sea aun menos que Alemania, Suecia, Japón, Bélgica,Dinamarca, Holanda y otros países de admirable sistema educativo y económico se sitúen en el top 10 de violencia (agresiones, violencia de género, homicidios, robos…)* A lo mejor el problema no es la educación en sí. Esta solo te prepara para el devenir. A lo mejor el problema es el propio devenir, quizás el problema sea la esplendorosa  Sociedad de la Información.

Quizás España sea el ombligo de Europa. Quizás España sea un desastre de pies a cabeza, pero de lo que nunca me dejaré de alegrar es de que seamos nosotros los que vamos a “trabajar” en invierno a sus “lares” mientras ellos vienen a “disfrutar” en verano a los nuestros. Al fin y al cabo la única pregunta que cabe plantearse es ¿qué entiende usted por calidad de vida?







Internet y la comunicación


El hombre busca la comunicación, el hombre busca comunicarse, pero cada vez va a ser mas difícil la comunicación porque todo el mundo va a estar comunicándose.


Jesús García Muñoz

Fuente:

http://www.ritmosxxi.com/creatividad-raiz-fracaso-escolar-espanol-7674.htm


*Índices de criminalidad en Europa: EuroStat 2006-2007