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viernes, 25 de enero de 2013

La obsesión llega y dice


Metáforas ignoradas de hace unos cuantos siglos. La ciencia sigue descubriendo América. Y creyéndose mejores.

La obsesión llega y dice:

“A partir de ahora, tu destino me pertenece. Haré que busques cosas que no existen.
”Tu alegría de vivir me pertenece también. Porque tu corazón ya no tendrá paz, porque estoy expulsando al entusiasmo y ocupando su lugar.
”Dejaré que el miedo se esparza por el mundo, y tú siempre estarás aterrorizado, sin saber por qué. No necesitas saberlo: lo que necesitas es seguir aterrorizado, y así alimentar el miedo cada vez más.
”Tu trabajo, que antes era una Ofrenda, está ahora poseído por mí. Los demás dirán que tú eres un ejemplo, porque te esfuerzas más allá del límite, y tú sonreirás a tu vez y agradecerás el cumplido.
”Pero en tu corazón, yo estaré diciéndote que todo tu trabajo es ahora mío, y servirá para apartarte de todo y de todos: de tus amigos, de tu hijo, de ti mismo.
”Trabaja más, para que no puedas pensar. Trabaja más de la cuenta, para que dejes de vivir por completo.
”Tu Amor, que antes era la manifestación de la Energía Divina, también me pertenece. Y esa persona a la que amas no se podrá apartar un momento siquiera, porque yo estoy en tu alma diciendo: ‘Cuidado, puede irse y no volver’.
”Tu hijo, que antes debería seguir su propio camino en el mundo, ahora pasará a ser mío. Así, haré que lo rodees de cuidados innecesarios, que mates su gusto por la aventura y por el riesgo, que lo hagas sufrir cada vez que él te desagrade o te provoque sentimientos de culpa porque no correspondió a todo lo que tú esperabas de él”.

Por lo tanto, aunque la ansiedad sea parte de la vida, nunca dejes que ella controle tus movimientos.
Si se acercara demasiado, dile: “No me preocupa el día de mañana, porque Dios ya está ahí, esperándome”.
(MANUSCRITO ENCONTRADO EN ACCRA, EN TODOS LOS PAISES DE IDIOMA ESPAÑOL)

Paulo Coelho

Miedo a hablar en público. La ilusión de la transparencia.


Una buena parte de las personas evita hablar en público y la sola idea de tener que hacerlo le provoca un revuelo de mariposillas en el estómago. Una de las razones de este miedo radica en que tememos equivocarnos, no desempeñar bien nuestro papel y, sobre todo, pensamos que los demás pueden escrutar nuestras expresiones y detectar qué es lo que realmente sentimos.

Este último aspecto se conoce en la Psicología como “La Ilusión de la Transparencia” y no solo se aplica a los discursos ante un gran público sino incluso a las conversaciones más íntimas. Por ejemplo, ¿en cuántas ocasiones te has sentido tan triste que has pensado en cancelar una cita con los amigos pero después has acudido y estos no se han percatado de nada? De seguro te habrá sucedido en varias ocasiones. Y es que presuponemos que los demás son capaces de detectar nuestras emociones e ideas. Sin embargo, la realidad es bien diversa. Realmente no somos un libro abierto.

En el 2003 se realizó un experimento muy interesante en el cual se le pedía a un grupo de personas que diesen un pequeño discurso y que valoraran cuán nerviosos pensaban que el público los percibiría. A continuación, se le pidió a quienes componían el público que valorasen el nivel de nerviosismo que habían percibido en el orador. El resultado no dejó lugar a dudas: las personas sobreestimaban la percepción de los otros. Es decir, el público los percibía con una actitud más tranquila y calmada de la que ellos mismo creían proyectar.

Antes de este experimento, en el 1999, se realizó otro estudio igualmente interesante. En este caso se trataba de que las personas evaluaran cómo serían percibidas por las demás al decir una mentira, beber un refresco de sabor desagradable y mostrar preocupación ante una emergencia. En todos y cada uno de los casos, las personas pensaron que sus emociones eran mucho más evidentes de lo que reconocía el interlocutor.

En este punto probablemente te estarás preguntando para qué te sirve conocer este fenómeno. La respuesta es muy sencilla: si sabes que los demás perciben una versión de ti mucho menos angustiada, nerviosa o estresada, esto podrá ayudarte a disminuir la ansiedad y, a la larga, no solo podrás transmitir una imagen más serena sino que te sentirás más cómodo y relajado.

Una manera muy curiosa de comprobar este fenómeno consiste en tararear el ritmo de una canción y pedirle a un amigo que adivine de cuál se trata. Si no tienes grandes dotes musicales, te asombrará ver que tu amigo no logrará determinar de qué canción se trata, incluso si piensas que la has tarareado a la perfección.

La buena noticia es que no estás solo. En el 1990 se llevó a cabo un experimento similar y se apreció que las personas descubrían de qué canción se trataba solo en el 3% de las veces, incluso si se trataba de ritmos tan conocidos como “Cumpleaños Feliz”.

Este pequeño experimento nos demuestra que lo que puede ser muy obvio para nosotros, puede no serlo para quienes nos rodean. Sin lugar a dudas lo mismo te habrá pasado al enviar correos electrónicos. A veces pensamos que lo que hemos escrito es muy obvio y nos asombra recibir preguntas sobre el contenido.


Fuentes:


Savitsky, K. & Gilovich, T. (2003) The illusion of transparency and the alleviation of speech anxiety. Journal of Experimental Social Psychology; 39(6): 618–625.

Savitsky, K. & Gilovich, T. (1999) The Spotlight Effect and the Illusion of Transparency. Egocentric
Assessments of How We Are Seen by Others. Current Directions in Psychological Science; 8(6): 165-168 .

Newton, L. (1990) Overconfidence in the communication of intent: Heard and unheard melodies. Doctoral dissertation, Stanford University, Stanford, CA.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Felicidad : dícese de la ausencia del miedo.


«La felicidad depende más de las relaciones interpersonales que del dinero o la salud»



No es fácil definir la felicidad, pero el divulgador científico Eduardo Punset lo tiene claro: «La felicidad es la ausencia de miedo». Y añade: «Es una emoción transitoria, efímera». Asegura que más que la salud o el dinero, depende de las relaciones interpersonales y que está «relacionado con comprometerse, dedicarse y concentrar todos los sentidos en las tareas» que a uno le resultan de su agrado.
La felicidad es una emoción básica universal y, como todas las emociones, es transitoria, efímera». Así de contundente se muestra el divulgador científico y economista Eduardo Punset, que define la felicidad como «ausencia de miedo».

Punset, que ofreció una rueda de prensa adelantando el contenido de la conferencia “La felicidad en el siglo XXI: Naturaleza, Mega-Ciudades y el Hombre”, que cerró ayer en Chillida-Leku el programa de actos de las Jornadas de Naturaleza organizadas por Naturgintza, apunta que las personas necesitan cierta ansiedad para ponerse en estado de alerta y poder así concentrar sus esfuerzos en las tareas que realizan. «Pero una cosa es esta ansiedad y otra, el miedo, el pánico que corroe las vísceras y los órganos cerebrales».

Asegura que la felicidad depende de factores externos y no precisamente de aquellos a los que se alude generalmente. «El dinero es equivalente a la felicidad cuando uno vive por debajo del nivel de supervivencia, pero por encima de este nivel no está probado en absoluto que existe una relación directa entre niveles de renta y felicidad». Incluso, según Punset, la salud «no tiene la importancia que tienen otros factores externos como el de las relaciones interpersonales».

Las reflexiones de Punset resultan interesantes, pero ante una persona que ha estudiado tan a fondo la felicidad, al oyente le comienzan a retumbar algunas preguntas en su mente: ¿Se puede ser feliz? ¿Cuál es la receta?...

Según apunta Punset, se puede ser feliz, pero no durante todo el tiempo. En lo que a las recetas se refiere, asegura que la primera condición para ser feliz es «querer serlo». Afirma que «la felicidad tiene que ver con el compromiso, con la dedicación y con la concentración de todos los sentidos en una tarea concreta que sea del agrado de la persona».

Capacidad para ser infelices

Sin embargo, asegura que en su opinión y observando el comportamiento de la gente, «parece que las personas tienen una gran capacidad para hacerse infelices». Por ello, subraya que resultan muy curiosos los resultados de la encuestas en las que «a la pregunta de si eres feliz, un 70% asegura que lo es».

Considera Punset que uno de los errores de la especie humana es que, al contrario del resto de animales, desprecia el proceso de búsqueda de la felicidad. Se empeña sólo en el logro y, además, una vez lograda la recompensa, termina desengañándose.

Punset dedica también su atención al aumento de la esperanza de vida, que, según apunta, está relacionado con la felicidad. «Es la primera vez en la historia en que la humanidad tiene futuro» y, precisamente, por ello «hay problemas de mantenimiento y se ha planteado la necesidad de ser feliz».

Según asegura el escritor, a nivel biológico el sistema inmunológico de las personas «estaba ideado para cuando las personas vivían entre 30 ó 40 años y, por ello, ahora con la aparición de enfermedades degenerativas, tales como el Alzheimer, el sistema inmunológico no responde».

Además, considera necesario cambiar el modo de gestionar los recursos disponibles. «Hemos invertido mucho en la reproducción de la especie, en llenar las calles de las ciudades de cemento, de grúas y de coches... Es decir, en inversiones ingentes.» Hoy en día, cree necesario que los recursos se deriven, en gran parte, a las industrias que tienen que ver con el mantenimiento. Y es que, en su opinión, «si la gente hoy no es lo feliz que pudiera ser, en gran parte se debe al déficit de mantenimiento del nivel biológico y al déficit de servicios de mantenimiento».

Punset hace hincapié también en la necesidad de preservar el medio ambiente, «porque ello también tiene mucha importancia a la hora de lograr la felicidad».

De cara a lograr un mayor nivel de felicidad, también es necesario ser conocedores de las emociones personales. «En este momento está consensuado que podemos mejorar la gestión de nuestras emociones. Hay un cuerpo doctrinal y descubrimientos sicoterapéuticos y, sobre todo psicológicos, que permiten gestionar mejor las emociones, lo que en primer lugar implica conocerlas».

Y es que, en su opinión, no puede ser que un niño o niña vaya a vivir 100 años y que nadie le haya explicado nada sobre la emoción, el miedo, el pánico». Por ello, Punset conside- ra imprescindible, enseñar, sobre todo a los menores, lo que los académicos llaman lecciones de competencia emocional. Y para ello, serán imprescindibles las recientes aportaciones de la ciencia. «El mundo científico no había entrado hasta hace pocos años a estudiar el campo de las emociones, porque no tenía cómo medirlas y, por lo tanto, el método científico no era aplicable». Pero hoy en día, «gracias a la posibilidad de calcular los flujos hormonales y emocionales», la ciencia ha podido entrar, y lo ha hecho de lleno. Al fin y al cabo, no se trata de una cuestión menor, está en juego el ser feliz o no.








El Lado Oscuro





Fuego y miedo




Deja de oír la voz del miedo




Sin miedo



Monstruo de papel, deja que paseemos...sin miedo.




Miedo a la liberación






Fuente: http://www.gara.net/idatzia/20061028/art186526.php